De la pelea chica al objetivo grande

Feliz año 2018 para todos y que dios proteja a nuestra patria

De la pelea chica al objetivo grande
Por Juan Gabriel Labaké
Los dolorosos episodios que vivimos y soportamos todos los argentinos, con motivo del tratamiento de la erróneamente llamada ley o reforma previsional (en realidad, una simple y mal disimulada quita en los haberes de los jubilados) me llevan a poner de relieve algunos aspectos de la crisis que sufre tanto el país como el Movimiento Nacional y Popular.
Nadie como el senador peronista Miguel Pichetto ha expresado con tanta precisión y claridad los sofismas sobre los cuales se basa la muy original “colaboración para la gobernabilidad”, que practica la mayoría de los legisladores nacionales del Partido Justicialista con el gobierno neoliberal del ingeniero Mauricio Macri.
Expresó mi compañero y amigo Pichetto (ver su extenso reportaje publicado por el diario LA NACIÓN el domingo 31 de diciembre pasado):
1.- El gobierno se merece una oposición racional, democrática, que plantee alternativas y cambios en los proyectos. (…) Hay que funcionar dentro del sistema. No en los bordes. Si estuviéramos frente a una dictadura, tendríamos legitimidad de origen (supongo que quiso decir, legitimidad para hacer una oposición cerrada, total, o algo semejante).
En definitiva, Pichetto apoya la llamada gobernabilidad. Y siguió:
2.- Si formamos parte de la discusión (si el gobierno dialoga con nosotros, quiso decir) y logramos ventajas para nuestras provincias, ¿cómo no vamos a votar (las leyes que nos pide el Poder Ejecutivo)?
Aunque sea redundante, recordemos que la ley que votaron, la que produjo el fuerte descontento popular y motiva esta nota, fue la que rebajó el monto de los haberes de los jubilados, no una ley “inocente”.
Convengamos en que nadie puede dudar de que la oposición, sobre todo en momentos difíciles como el que atravesamos, tiene la obligación de no entorpecer, sino de colaborar con la labor del gobierno, pero sólo en la medida en que ésta busque el bien común, la protección de los más débiles, la defensa de los intereses argentinos y la irrenunciable facultad de conducir con mano propia tanto la producción de bienes como los lineamientos generales del proceso económico, entre otros objetivos comunes a toda la Nación. Aun la ley de presupuesto, que es indispensable para el normal funcionamiento del Estado, debe cumplir con esos requisitos si se desea que todos los legisladores, y en especial los de la oposición, sientan y tengan la obligación moral y política de votarla.
Pero, si por el contrario, formando parte de la discusión como aduce mi compañero Pichetto, o sin discutir nada, los legisladores peronistas votan una ley que vulnere esos derechos nacionales y populares irrenunciables y, en su medida, sagrados, no estarán cumpliendo con una obligación de la democracia, sino faltando a su deber. Digámoslo con las palabras exactas, aunque duras: estarán cometiendo el peor de los pecados políticos, la traición a la confianza depositada por los argentinos en sus representantes.
Y ello, porque el primer y más importante deber de los legisladores es defender los intereses del pueblo argentino en su conjunto, y controlar, no simplemente ayudar, al gobierno de turno, sea éste del color partidario que fuere.
Tampoco hay duda posible de que los legisladores nacionales fueron elegidos por el pueblo de cada provincia o distrito, para que defiendan especialmente los legítimos intereses locales, siempre en un sano equilibrio con los intereses nacionales, y sólo en la medida en que todo ello sea legítimo, legal y decente.
El problema se reduce, entonces, a saber qué intereses se están defendiendo y con qué métodos.
Y es ahí donde la pretendida “colaboración para la gobernabilidad” hizo agua y mostró la hilacha en las sesiones de la Cámara de Diputados del 14 y 18 de diciembre de 2017.
Por un lado, los peronistas que la apoyaron sabían que era un verdadero atropello extorsivo contra los viejos, que son en general los más necesitados y los que ya nada pueden hacer para defenderse. Y, para colmo, esa verdadera metida de mano al bolsillo de los viejos indefensos la perpetró el gobierno casi simultáneamente con un manojo de medidas que enriquecen desembozadamente a los más ricos, incluido el blanqueo que benefició a los mayores estafadores del fisco y a los familiares más cercanos del presidente Macri.
¿Acaso la gobernabilidad requería ese atropello inhumano y, por eso mismo, antiperonista? ¿No había otro bolsillo donde ir a buscar el dinero que necesita un fisco voraz y, por lo visto hasta ahora, inservible como administrador?
Pero la tragedia no termina ahí.
Mi compañero Pichetto aduce dos argumentos “elegantes” para justificar la aprobación del zarpazo a los jubilados:
Ø porque “formamos parte de su discusión” y
Ø porque “obtuvimos ventajas para nuestras provincias”.
Veamos.
a)- ¿Pichetto cree realmente que el gobierno dialogó con los senadores del PJ, con los diputados comandados por Bossio y, en general, con los legisladores que responden a la Liga de gobernadores?
La realidad indica otra cosa muy distinta y bochornosa: los verdugos oficiales (Peña, Frigerio, Quintana, Dujovne, Monzó y algún otro delicado “dialoguista” gubernamental) recalentaron los teléfonos, antes y después del rechazo del 14 de diciembre, para doblegar a los gobernadores con amenazas y promesas, ambas mafiosas, y lograr que éstos “apretaran” a su vez a “sus” diputados. Luego, “dialogaron” de la misma manera y en forma directa con los diputados remisos. De esa forma tan “dialoguista” y “democrática”, el gobierno logró un ajustado triunfo por 9 votos.
Todos sabemos que así sucedieron las cosas en esos durísimos 4 días. Yo estuve en mi provincia de San Juan durante ellos. Las prensa local -toda, la que responde o apoya al gobernador Sergio Uñac, y la que no lo hace- publicó la brutalidad del drama sufrido y la frase con que el mandatario local cerró la discusión con (y puso un límite al) verdugo de turno, ya al borde del incendio: “No tengo margen de maniobra”.
En ese momento, la plaza principal se estaba llenando de protestones que no entendían esa gobernabilidad tan “peronista” de asfixiar a las sardinas para ayudar a los tiburones.
En otras provincias, y según se ha publicado sin que nadie lo desmintiera, el supuesto diálogo entre el gobernador y sus educados y democráticos interlocutores del gobierno nacional fue más simple y directo: “O tus diputados votan la reforma previsional, o no te mando el dinero para pagar el aguinaldo”…
b)- En segundo lugar, Pichetto afirma que “obtuvimos ventajas para nuestras provincias”. Lograr que se le gire a cada distrito el dinero que le corresponde por ley, ¿es acaso una ”ventaja” o una limosna que debe mendigarse ante el mandamás de la calle Balcarce 50, y pagarse con una traición? ¿No es un derecho fundamental que otorga el sistema federal, y que el gobierno central está obligado a respetar?
En resumen: la colaboración de los peronistas “democráticos” y “moderados” para la gobernabilidad de los talibanes neoliberales consistió en aprobar una ley inhumana e injusta, gracias al descarado chantaje hecho a cada provincia opositora.
Si a eso se le llama “participar en la discusión” es señal de que nos han cambiado el diccionario de la Real Academia de la Lengua.
Como pretexto vergonzante de esta conducta mafiosa, los voceros de Macri aducen que “los peronistas no pueden quejarse de tales ‘aprietes’, porque Cristina les hacía lo mismo”. Y, por casualidad, ¿eso justifica la extorsión mafiosa de hoy? Además, ¿no fueron Macri y sus laderos quienes se llenaron la boca criticando tales métodos del kirchnerismo? ¿Y ahora?
Gozo del raro privilegio de ser uno de los pocos dirigentes peronistas que nunca colaboró, ni ocupó un cargo, ni recibió una canonjía del largo gobierno del matrimonio Kirchner. Y, por si fuera poco, soy autor de un par de denuncias contra actos muy tempranos (2004 y 2005) de Néstor y Cristina, que consideré reñidos con la moral y las leyes.
Y, simultáneamente, soy uno de los pocos colaboradores directos del General, y uno de los también pocos defensores públicos de la estabilidad del gobierno constitucional de Isabel ante los golpistas del 24-3-76 que aún calza el uniforme de fajina de la militancia peronista y mantiene lealtad activa hacia su memoria y enseñanzas. Es decir, conozco la doctrina del Movimiento y siempre la he cumplido fielmente, no tengo prontuario alguno, y por eso no temo a los carpetazos de los “service” de turno. Aun así, desde algún “service”, importado o de fabricación local, están usando la pluma de un sociólogo/periodista que en su momento arrugó ante mis denuncias, para tirar roña. Pierden el tiempo. No tengo prontuario, salvo que inventen uno… como acostumbran.
En esos antecedentes me respaldo para hablar hoy con total sinceridad y, también, con toda crudeza sobre la crisis que sufrimos, y aclaro que no hablo desde el odio o el rencor, sino desde el dolor. Por eso trato a Pichetto de compañero y aún de amigo, tal como lo siento. El lenguaje de esta nota es severo, tanto como la gravedad de la situación lo requiere. Pero no está encaminado a herir, sino a romper esquemas mendaces que se nos han pegado a la piel hasta desfigurar nuestro rostro peronista.
Al respecto, creo indispensable que reflexionemos sobre los siguientes puntos:
1.- Nuestra primera obligación, como argentinos y como peronistas, no es impedir que Cristina y sus seguidores ingresen a nuestros bloques legislativos, sino y por lo contrario, unirnos para oponer un sólido frente a los inmensos grupos de poder y privilegio, nacionales y extranjeros, que ampara y favorece este gobierno, y tratan de destruir las bases de la Argentina que construyeron Perón, Evita y el pueblo que los acompañó. Esas conquistas han costado mucha sangre argentina. No tenemos derecho a negociarlas en el mostrador de los mercaderes del Templo (único sector con el que Jesús, el manso Jesús usó el látigo).
2.- Si Cristina ha manifestado que es peronista, y nadie tiene el peronómetro, lo correcto y sensato es deponer fobias y rencores personales o grupales, sobre todo si se colaboró con ella en otros tiempos, y tratar de llegar a un punto de acuerdo que nos permita cinchar todos para el mismo lado. Porque lo prioritario es contrarrestar el accionar del enemigo común, en la seguridad de que ya llegará el momento de dirimir conducciones y candidaturas. Hacerlo ahora es prematuro y contraproducente.
3.- Es cierto que cada gobernador, cada senador y cada diputado por separado, es una víctima fácil de dominar y doblegar por la brigada de verdugos del macrismo gobernante. Pero, ¿se ha intentado siquiera unir a los 15 o 16 gobernadores nuestros, con los líderes de los senadores y diputados que se reconocen como peronistas (todos) para llegar a un acuerdo de defensa común y resistencia unificada. Recordemos la enseñanza del poeta español (¿Lope de Vega?):
“Cada uno de nosotros es igual a vos, señor; todos juntos somos más que vos”.
Si todos los responsables peronistas de este drama se hubieran unido en defensa de nuestros viejos, y en defensa propia, otro gallo habría cantado, y los gélidos CEOs, que planificaron quitarle a los más necesitados para calmar la tristeza de los niños ricos, no habrían consumado su perversidad.
Insisto, ¿no era eso más importante que evitar el ingreso de Cristina y sus compañeros a nuestros bloques?
¿No habremos perdido la brújula? ¿Hemos olvidado que el General, luego de soportar 18 años de exilio, traiciones y cabronadas, regresó a su Patria para perdonar 70 veces 7 con tal de unir a todos?
Ésa es la primer regla de la conducción peronista, porque el que no sabe abrir los brazos puede ser un caudillo, pero no un conductor de pueblos.
Hay que restañar nuestras heridas internas, que son de menor cuantía, para ayudar a cerrar la grieta que divide a los argentinos y amenaza con hundir a la Nación.
En un archivo aparte les envío un trabajo que redacté en los últimos días del año que se fue, sobre la nueva gran oportunidad que nos ofrece la historia y la geografía. Aprovecharla como se merece y necesitamos puede ser un motivo para unirnos.
Por otro lado, no nos dejemos encandilar por las luces del enemigo, ni atrapar por sus interesadas alabanzas y espacios periodísticos que nos ofrecen. Recordemos el sabio consejo de Perón:
Cuando no sepan qué decisión tomar, lean lo que les aconseja la prensa enemiga, y hagan lo contrario.
De otra forma y a este paso, la grieta se cerrará engulléndose al Movimiento, como sucedió, mal que nos pese, después de la batalla de Caseros. Por algo hasta Jose Hernández terminó siendo diputado nacional de los vencedores, e hizo regresar a su héroe popular Martín Fierro, no para unirse nuevamente en la lucha con su hermano Juan Cruz, sino para que escuchara los cínicos consejos del viejo Vizcacha:
Hacete amigo del juez,
no le des de qué quejarse,
(…)
pues siempre es güeno tener
palenque ande ir a rascarse.
¿Así queremos terminar, mendigando un palenque donde rascarse cada uno por su cuenta?
Sería un triste fin para el gran Movimiento creado por Perón y el pueblo argentino que se irguió el 17 de octubre de hace 72 años.
Hay que comenzar a juntar los anticuerpos para que se aglutinen y produzcan el milagro. Y anticuerpos hay en todos los quioscos peronistas de hoy.
Eso es lo más importante y esperanzador.
Buenos Aires, 5 de enero de 2018.