¿Guerra de las aguas? Cuatro países sudamericanos ante el desafío de proteger un tesoro

La Organización de Naciones Unidas (ONU) ha advertido más de una vez sobre posibles conflictos internacionales a raíz de la escasez de agua en el futuro. De acuerdo con su secretario general, Antonio Guterres, el consumo de ese recurso crecerá más del 40% en las próximas tres décadas y una gestión hídrica ineficiente aumentará las “tensiones entre países”.

En ese sentido, autoridades y expertos de todo el mundo acompañan atentos las investigaciones sobre la tercera mayor reserva de agua dulce del planeta, a más de un kilómetro de profundidad bajo los suelos de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.

“El acuífero Guaraní es el primero de gran magnitud que tiene un acuerdo entre países. Eso genera mucha expectativa, incluso desde la ONU”, afirmó a Sputnik Luiz Amore, asesor internacional de la Agencia Nacional de Aguas (ANA) en Brasil.

Actualmente se estima que cerca de 24 millones de personas usufructúan de este acuífero a nivel doméstico, comercial y turístico. “En zonas muy profundas hay cierto grado geotermal que hace que el agua esté más caliente. Esa agua alimenta todo el desarrollo económico del turismo termal”, ejemplificó Amore.

“En términos de calidad y cantidad es mucha agua, son más de 55.000 kilómetros cúbicos de agua. Esto equivale a toda la superficie de Uruguay con 50 metros de profundidad. Los números del acuíferos son impresionantes”, agregó.

Organizaciones sociales denuncian, sin embargo, su mal uso y el riesgo de contaminación. Desde los informes producidos en el marco de la cooperación estratégica transnacional, se ha detectado “algunos puntos que merecen cuidado”, alertó el asesor brasileño. De acuerdo con el técnico, algunas contaminaciones ocurren como consecuencia de la acción humana, mientras otras suceden por causas naturales.

“En algunos pozos en las zonas más profundas, como las de Argentina, hay una cantidad de cianuro importante y eso es perjudicial para el organismo humano. En la frontera entre Brasil y Uruguay me encontré con un pozo que tenía un nivel muy alto de nitrato. Eso se daba por estar cerca de una zona de crianza de caballos y los afluentes de la zona no estaban bien tratados. El nitrato también lleva a enfermedades muy importantes, pero era muy local”, relató el ingeniero de ANA.

El acuerdo internacional para seguir estudiando y protegiendo el acuífero Guaraní fue firmado en 2010 por los cuatro países abarcados, pero todavía le falta a Paraguay ratificarlo para que entre en vigor. Las discusiones están en curso en el Parlamento y la previsión es que no se demorará mucho más, informó a Sputnik el director de la Secretaría del Ambiente paraguaya, David Fariña.

A su juicio, esta reserva subterránea equivaldrá al petróleo en el futuro, por lo que hay que cuidarla. En ese sentido, resaltó la necesidad de avanzar en los informes y monitoreos respecto a la cantidad, calidad y capacidad de recarga del acuífero, es decir, de que el agua utilizada se reponga.

“Tenemos que conocer el recurso para poder manejarlo y para eso tenemos que investigar, por lo que se necesita plata”, remarcó el jerarca paraguayo.

Fariña lamentó la carencia de mayor presupuesto por parte de la Secretaría del Ambiente de Paraguay para profundizar sus trabajos de protección de las reservas del país. Por ello, el tratado internacional también será importante para asegurar los fondos, consideró. Las investigaciones llevadas a cabo hasta ahora han permitido identificar “los usos ganaderos, agrícolas e industriales” del acuífero.

“Hay una introducción de productos contaminantes porque es una zona de alta producción agrícola en nuestro país, de alta mecanización. Si no hacemos un buen manejo de cuidado y conservación de suelos podemos tener infiltraciones y contaminación del acuífero a través de productos químicos”, advirtió el director.

Cerca del 6% de la extensión de la reserva se ubica en la parte oriental de Paraguay. Sin embargo, su importancia no es menor. “La mayor parte de ese territorio es zona de recarga del acuífero”, destacó Fariña. Por su parte, el asesor brasileño también insistió en reforzar “el trabajo de protección de las áreas de pozos y las zonas de recargas”. La capacidad de reposición natural del embalse actualmente gira en torno a 160 kilómetros cúbicos de agua por año.

“Eso indica la cantidad de lluvia que se infiltra en el acuífero y repone lo que se explota. Hay que pensar un acuífero como un almacenamiento de agua. Si se dejan todas las canillas abiertas va a salir más agua de la que entra, entonces se va a acabar el agua. Es como una cuenta de un banco también, hay que poner dinero para poder sacarlo”, explicó Amore.

A pesar de los desafíos, la gestión internacional y cooperativa del acuífero Guaraní está en la vanguardia del tema. “Cuando se armó todo el proyecto, la ONU aprobó una normativa para la gestión de los acuíferos. Eso conlleva a sumar información a nivel de gestión para todo el mundo, va a ser un ejemplo”, aseguró el ingeniero del órgano responsable de Brasil.

De acuerdo con la ONU, más de 270 cuencas fluviales son “divididas por fronteras internacionales, que constituyen la fuente primaria de agua dulce de alrededor del 40% de la población mundial”, por lo que Antonio Guterres viene abogando a “que los países cooperen para garantizar que el agua se comparta con equidad y se utilice de manera sostenible”.

Amore y Fariña conversaron con Sputnik en el marco de la XVIII Conferencia de Directores Iberoamericanos del Agua, que tuvo lugar en Montevideo, del 3 al 6 de octubre, en el Centro de Formación de la Cooperación Española. El encuentro internacional culminó con la aprobación de un plan operativo de gestión de los recursos hídricos para 2018, con especial atención al cambio climático.

“El agua limpia es un bien finito. Cuando el agua cae de las nubes está limpia, pero cuando toca el suelo se ensucia, así que hay que limpiarla y eso cuesta plata. En cambio el agua del acuífero está protegida por un kilómetro de profundidad. Eso es un valor que los países tienen que proteger”, concluyó Amore en comparación a un yacimiento de petróleo.

Fuente: Sputnik

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