Desayunamos con Toni Zelaya, piloto de Malvinas

El ex combatiente visitó A LAS 7 para comentar datos históricos del conflicto armado con el Reino Unido.

Antonio Zelaya, ex piloto de Malvinas de los aviones A4B, visitó A LAS 7 para comentar detalles históricos del conflicto armado con el Reino Unido ocurrido en 1982.
“Soy tucumano, me crié en Famaillá hasta los siete años y después me crié en Tucumán. Pasaron conmigo varias generaciones de colimbas. Mi niñez en Famaillá fue tranquila, pasible. Luego en la Capital hice un año en la Escuela Patricias Argentinas y nueve en el Tulio”, comentó.
“Siempre me pregunté de a dónde salió la idea de volar, no se dé adonde salió. Luego charlando con mi padre me dijo que la posibilidad estaba en la fuerza aérea. Yo ingresé con 17 años, mi primer destino fue Mendoza para hacer el curso de piloto de combate y luego estuve solo en la Unidad Operativa de Villa Reynolds.  Los cadetes de segundo y tercer año comienzan a volar planeadores, saber lo que es un circuito, dar la vuelta y ver la adaptación del hombre al medio aéreo. Luego se hace el curso de aviación de combate, luego hay tres escuelas con especialidades: de caza, combate y helicóptero”, explicó.
“Cuando nos enteramos de Malvinas… uno como profesional siempre se prepara para la guerra, pero no es algo que uno quiera. Allá hacíamos lo que hacíamos todos los días, con la diferencia que tenías un tipo que tiraba. Nos tocó actuar en un medio naval que no era el que estábamos acostumbrados. Con los pilotos navales siempre tuvimos muy buena relación”, añadió.
“La idea de volar bajo era para que no nos detecte el radar. Como nosotros no sabíamos dónde estaba el radar arrancábamos el vuelo rasante mucho antes. Malvinas es la segunda guerra aeronaval después de la Segunda Guerra Mundial. De esa época es el Crucero Belgrano. A partir de allí se desarrollan las naves que proveyeron a la OTAN. En esa época existía el Pacto de Varsovia y había muchos estudios para ver como funcionaban las fragatas de la nueva generación”, sentenció.

“Técnicamente la Fuerza Aérea no se ha rendido. No fue una sorpresa la rendición porque uno ya veía como venía la mano. El 13 de junio el comandante de la fuerza aérea tira una frase: ‘Si los argentinos pudieran soplar sobre nosotros nos destruirían’. Cuando regresamos a la base pensamos que había muchas cosas para cambiar, para mejorar, haber visto que si bien el papel fue ponderado en el mundo, podría haber sido mucho mejor. En lo personal agradecido por estar de vuelta y la satisfacción del deber cumplido”.