Mapuches: gentilicio y geopolítica

Héctor Landolfi

En el mes de febrero de 1961, en San Martín de los Andes (Neuquén, Argentina), se produce una sorprendente combinación de semántica y geopolítica.

En esa fecha se realiza, en la andina ciudad patagónica, el “Primer Congreso del Área Araucana Argentina”. Sería el primero y el último de los eventos realizados bajo ese título.
Al abordar la lectura de las primeras páginas de las actas del Congreso sanmartinense, hay algo que sorprende y desconcierta. Se trata de la subvaloración, y hasta la ignorancia, del Estado argentino. Nadie percibió que se estaba desconociendo el territorio nacional.
La Nación Argentina, que estaba a las puertas de celebrar su sesquicentenario, quedó reducida al concepto de “Área”, como puede verse en la denominación del Congreso.
No constituye sorpresa que los mapuches hayan ninguneado a nuestro país, esto está en la genética cultural de los originarios de la Araucanía trasandina. Lo que desconcierta es que altas autoridades nacionales, provinciales y municipales no se hayan percatado de tamaña desconsideración.
La “Comisión Honoraria” nacional del congreso estuvo presidida por los ministros Alfredo Vítolo, de Interior y Luis Mac Kay, de Educación y Justicia del gobierno del presidente Arturo Frondizi.
Esta minusvalía llegó a extremos ridículos al ver que figuran como “Autoridades del Área Araucana”, los gobernadores de las provincias de Neuquén, Buenos Aires, Chubut, La Pampa, Mendoza, Río Negro, San Luis, Santa Fe y Córdoba. Es decir, a las dos terceras partes del territorio nacional se las consideró, “Área araucana”.
El congreso terminaría marcando una profunda divisoria de aguas en la cultura y la política araucana: esta dejaría de llamarse “araucana” para pasar a denominarse “mapuche”.
Siglos de orgullo épico araucano como el cantado en La Araucana, de Alonso de Ercilla, dejaron paso a un intencionado gentilicio geopolítico.
Gregorio Álvarez (1889-1986), relator oficial del evento, en su ponencia sobre “Gentilicios y patronímicos araucanos” y Rodolfo Casamiquela (1932-2008), en su obra “Geonimia de Río Negro”, Viedma, 1967, develan la “anatomía” de la nomenclatura indígena.
La patronímica araucana se forma a partir de nombres de la naturaleza (animal, vegetal y mineral) complementados con adjetivos. Los nombres de las personas refieren a la calidad del individuo o la etnia, o a la relevancia de un aspecto somático.
Ejemplos de formación de la nomenclatura araucana:
De origen animal: Nahuel Quintún (buscador de tigres); Nahuel Pichí (tigre pequeño); Curí Ñancú (águila negra).
De origen vegetal: Bula Ranquil (pastizal grande); Pehuenches (gente de los pinares); Chacaihuaruca (casa de calafates).
De origen mineral: Namuncurá (pié de piedra), Alicurá (piedra caliente); Huechuqueo (sílice puntuda).
De personas o etnias: Carú Agé (cara negra); Curú Loncó (cabeza negra); Tehuelches (gente bravía)
Los nombres araucanos se destacan por contener una alusión general junto a la mención del rasgo que los individualiza. Se trata de denominaciones compuestas -aunque se expresen en una sola palabra- por un nombre genérico y un nombre propio. Uno alude a un topónimo, una planta, un animal y el segundo a su característica distintiva.
En todos los casos el nombre compuesto es preciso, ilustra y define el perfil del gentilicio o topónimo al que se refiere.
Posiblemente no exista en el mundo un pueblo indígena que haya cambiado cuatro veces de nombre, como ocurrió con los actuales mapuches.
Veamos la evolución de estas denominaciones: Reches (“Mera gente” “Gente pura”) Primera denominación registrada; Aucas (“Gente bárbara”, “salvaje”) Refiere a los antiguos pobladores de la Araucanía chilena;
[“Yndios aucas de la jurisdicción del Reino de Chile”, denuncia el Cabildo de Buenos Aires (1711), en alusión a uno de los malones que asolaban el sur de la provincia de Buenos Aires].
Araucanos. Gentilicio identificado con el asentamiento de la etnia: la trasandina Araucanía; Y, finalmente, Mapuches (“Gente de la tierra”), denominación adoptada en el citado congreso.
A partir de entonces, y como si fuera una orden, también cesaron en sus nombres las Asociaciones araucanas en la Argentina.
Si sorprende lo reciente de la denominación “mapuches”, asombra aún más que en el referido Congreso no haya ninguna alusión al mapudungun, el actual idioma mapuche. El artículo 9 del reglamento de la asamblea sanmartinense establece que, “Los idiomas oficiales del congreso serán el castellano y el araucano o mapuche.” El cambio en la denominación del lenguaje indígena es más reciente aún que el del gentilicio.
Esta variación del gentilicio anunciada en el congreso sanmartinense, resultó sorpresiva y desconocida para algunas tribus araucanas. Es el caso de los rankülches (ranqueles). Y así lo manifestaron:
“nuestros hermanos del sur nos englobaron en sus banderas que dignamente supieron hacer flamear y hasta nos impusieron una definición que apareciera en este siglo (XX) y que nosotros desconocemos: MAPUCHE. Dado el tiempo transcurrido y al no encontrar dicha definición en nuestra tradición oral, cuando consultamos a los integrantes de nuestra Nación, nos señalaron inequívocamente la cordillera.” (Briones–Carrasco, Pacta Sunt Servanda, Vinciguerra, Buenos Aires, 2000).
El término “mapuche” (gente de la tierra) no responde a la etimología clásica de la nomenclatura araucana. Su carácter difuso y decididamente abarcador carece de los elementos referenciales que tienen los nombres de esa etnia. Es una denominación compuesta, pero no tiene el nombre propio que concede al término el perfil definidor. El nuevo nombre carece de las virtudes que tiene la nominación araucana.
Paradójicamente el gentilicio “mapuche” invalida –o al menos ignora- la capacidad tradicional que la denominación indígena tiene para definir el carácter y ubicar en el espacio a las personas y a las etnias.
Su esencia difusa: “gente de la tierra”, permite aplicarlo a cualquier lugar donde haya “gente” y “tierra”.
Si bien el gentilicio “mapuche” se aleja de la mecánica nominadora araucana, cumple en cambio una función geopolítica. El diseño del nuevo nombre busca legitimar la araucanización (colonización) de la Patagonia argentina e invisibilizar la matanza de los tehuelches, el preexistente pueblo patagónico.
Los araucanos (mapuches) han considerado a la Patagonia como La Gran Araucanía, el “Hinterland” que desean ocupar.
Este expansionismo se hace evidente a partir de la difusión del caballo, que los potencia militarmente y el vacuno que los enriquece.
El diario británico The Economist, -medio que refleja habitualmente la posición del Foreing Office- dice en el artículo, “Argentina and the Falklands”, del 25 de febrero de 2010:
“Si el reloj tuviera que volver hacia 1833 (año de la ocupación inglesa de las Malvinas) el sur de Argentina debería ser un país independiente bajo gobierno indígena”.
No debe de extrañar, entonces, que la Central Internacional Mapuchemapuche-nation-org se encuentre en Liverpool, Inglaterra.

Fuente:http://confluenciadigital.com.ar/2016/11/mapuches-gentilicio-y-geopolitica/