EL COMUNISMO EN LA ARGENTINA Por Juan Domingo Perón

Hemos querido dedicar un capítulo especial a este tema por la importancia que tiene en sí y porque el comunismo siempre trabaja para sí en cualquier situación política y el “caldo de cultivo” es mejor, cuando más desfavorable es la situación social y económica y más caótica es la situación política; de la misma manera que ellos progresan cuantitativamente en los ambientes de represión violenta como ha sucedido con la dictadura argentina [refiriéndose el General a la dictadura de 1955, N. del W.].
En unas conclusiones editoriales, el 9 de agosto de 1957, dice textualmente el diario The New York Times: “…Lo cierto es que, en definitiva, son las dictaduras y no las democracias las que allanan el camino al comunismo. Esto es cierto en Venezuela, como lo fue en otros países, en la Italia de Mussolini, la Guatemala de Arbenz y la Argentina de Perón.”
Estos descarados falsarios, que favorecieron el comunismo en Italia, comienzan por llamar “democracia” a la dictadura militar que usurpó el poder en la Argentina, luego de derribar por la fuerza al Gobierno Constitucional elegido en las elecciones más libres que conoce la historia política argentina. Atacan al gobierno venezolano que, precisamente, es una garantía contra el comunismo que constituye su más enconado enemigo, lo que prueba la mala fe de la afirmación y la traición miserable en la conducta publicitaria de ese diario insidiosamente al servicio de la prédica inconfesable y disimulada del comunismo internacional.
Sin embargo, no queremos probar lo que ya todos saben: que esta clase de periodistas, son calumniadores indecentes y falsos demócratas, sino que, además, están trabajando solapadamente a favor del comunismo, del que forman parte, detrás de la máscara de una simulada democracia que ni sienten ni practican. Véase a continuación la demostración palpable de esta afirmación, comprobada con cifras y evidencias irrefutables.
Hasta el años 1945, fecha del advenimiento del Justicialismo en la Argentina, el comunismo tenía gran importancia en el país, especialmente en los sectores universitarios y obreros. La universidad argentina estaba penetrada en su dirección y docencia por numerosos elementos conocidos ampliamente por sus ideas comunistas o, cuando menos, comunoides. La mayoría de los sindicatos estaban escuadrados, asimismo, por dirigentes comunistas o socialistas marxistas que, para el caso son la misma cosa, ya que el socialismo que funciona en la Argentina es evidentemente connivente del comunismo. (Baste señalar la circunstancia, por demás elocuente, que mientras el comunismo actual está dirigido por Rodolfo Ghioldi, el socialismo lo es por su hermano Américo.)
En las elecciones de 1946, los comunistas formaron la “Unión Democrática”, concentración de partidos opuestos al Peronismo en que, en un extraño maridaje contubernista, se mezclaron radicales, socialistas, conservadores, demócratas progresistas, etc. En otras palabras, todos los partidos que ahora forman el bando de la dictadura como asimismo el “Consejo Consultivo” de gobierno y la “Asamblea Constituyente” formada a base de las elecciones del 28 de julio de 1957. Ha sido ésta, la única oportunidad en que el comunismo ha conseguido formar uno de esos “Frentes Populares” que tanto persiguieron, desde hace más de veinte años. En las elecciones de 1946 en las que fue elegido por primera vez el General Perón, como Presidente Constitucional de los argentinos, los comunistas tuvieron alrededor de 170.000 votos en total.
La política social del Gobierno Justicialista desde su comienzo rindió sus efectos en este terreno y poco tardaron los comunistas en ser sus más enconados enemigos, porque vieron disminuir aceleradamente su predicamento en las masas que, mejor satisfechas en sus reivindicaciones e incorporadas a la Nación mediante los “Derechos del Trabajador”, poco tardaron en darles la espalda. Es así que, en las elecciones realizadas en 1954, todos los votos comunistas de la República, no alcanzaban ya a los 80.000. Es claro entonces que, entre los elementos que en ese momento preparaban una revolución contra el Gobierno Constitucional, los comunistas constituyeran un sector de gran valor agitativo y de choque y que, sus dirigentes actuaran estrechamente de acuerdo con los dirigentes militares y políticos que, como consecuencia de esa revolución, ocupan hoy el poder en la Argentina. Es así que los “gorilas” han utilizado los servicios comunistas antes, durante y después de la revolución de 1955.
En la Argentina, como en casi todas las partes, los comunistas revolucionarios, que formaron en el elenco de la actual dictadura militar, se interesaron especialmente por las universidades y los sindicatos obreros, entidades que coparon mediante las colaterales comunistas organizadas tanto en las Universidades (Federación Universitaria de Buenos Aires, F.U.B.A.), como en las organizaciones gremiales de los trabajadores (Organización Mundial de Trabajadores de Praga, Confederación Latinoamericana de Trabajadores de Lombardo Toledano y Sindicatos Libres dominados por el partido Comunista). Está de más decir que, en esta acción los comunistas no ponían sino dirigentes, desde que se trataba de una organización de “muchos generales y pocos soldados”.
Era lógico entonces que, al tomar la dictadura “gorila” el Gobierno, ellos maniobraran para apoderarse de esos dos estamentos tan codiciados por los comunistas del mundo. Así la universidad argentina fue intervenida por la dictadura y entregada sin más a los elementos comunistas de la Federación Universitaria de Buenos Aires, F.U.B.A., los que formados en el comunismo y dirigidos por los jerarcas del Partido, poco tardaron en ocupar las universidades. Separaron a todos los profesores anticomunistas y los reemplazaron por comunistas o comunoides. Es en esa oportunidad que llega a ser rector de la Universidad de Buenos Aires (la más importante del país) el doctor Sayago, activo militante comunista, del gremio de los médicos.
En los sindicatos pasó algo semejante: las organizaciones obreras argentinas eran en su totalidad justicialistas y los dirigentes comunistas habían sido literalmente barridos de los sindicatos. Sin embargo, los comunistas, coherentes en su hábito de copar organizaciones, mantenían en disponibilidad sus cuadros de dirigentes, que eran pagados por el Partido, esperando el momento que pudiera presentarse a través de lo que se planeaba contra el Gobierno Constitucional.
Producida la revolución de los “gorilas” en 1955, una de sus primeras medidas fue intervenir la Confederación General del Trabajo (C.G.T.) ocupándola con marinería y poniendo en su intervención a un marino que disolvió prácticamente a todos los gremios, utilizando para ello los elementos comunistas dirigentes y usando el fácil expediente de hacer asaltar los locales por individuos armados, de la policía y marinos vestidos con ropas civiles, los que una vez desalojados los verdaderos dirigentes, entregaban los locales sociales a los dirigentes comunistas. Se trataría después de ir ganando a los trabajadores por diversos sistemas, llamar luego a elecciones y reconstruir así las organizaciones sindicales, con elementos comunistas como dirigentes.
Es lógico que los marinos y militares odiados por los trabajadores argentinos, no contasen con el más mínimo apoyo en las masas populares y que debieran recurrir a los comunistas que, en su eclecticismo diabólico, son capaces de aliarse al Diablo, si al Diablo le pueden sacar alguna ventaja. Sin embargo, tanto los “gorilas” como los comunistas no contaron con que los justicialistas se iban a defender creando organizaciones clandestinas, desde las cuales se iniciaron las acciones de resistencia que los han desesperado durante estos dos años.
La dictadura vio aparecer aquí varias organizaciones extralegales que fueron las que efectivamente dirigían a los trabajadores mal que les pesara a los interventores y amanuenses de la dictadura. En ellas figuraron lo que se llamó la “C.G.T.” Negra, la “C.G.T.” única e intransigente, el “Comando Revolucionario de los Trabajadores”, etc., que no eran sino nuevas organizaciones ilegales creadas para mantener la cohesión de los trabajadores justicialistas y defender las verdaderas organizaciones sindicales contra la destrucción que perseguían la dictadura y los comunistas.
Cuando la dictadura creyó que había preparado suficientemente el ambiente, mediante la inhabilitación de todos nuestros dirigentes, que fueron declarados fuera de la ley, dispuso las listas de los que debían votar para la elección de dirigentes, de las que estaban excluidos naturalmente los peronistas y se decidieron a llamar a elecciones, sin darse cuenta de que la masa seguía siendo cada día más peronista, merced a la misma conducta que la dictadura había seguido con los trabajadores y sus organizaciones. Para ello constituyó una entidad que llamó la “Intersindical” en la cual, según sus deseos, debían entrar los gremios que se decidieran por lo dispuesto por la dictadura a través de su interventor. Pero olvidaron que, si bien contaban con los dirigentes comunistas, la masa seguía repudiando sus maniobras. Es así que la mencionada “Intersindical”, a pesar de las presiones y las limitaciones, no los eligió como eran sus deseos porque los sindicalistas infiltrados de tendencia justicialista, les malograron el fraude preparado en las elecciones. Resultó así una intersindical peronista a pesar de haber votado sólo el cinco o diez por ciento de los sindicatos, minuciosamente elegidos por los dirigentes comunistas.
Frente a esta experiencia la dictadura no tuvo más remedio que mantener la intervencion y hacer frente a la agitación generalizada en el elemento gremial, que ha tenido el gobierno de la dictadura atado permanentemente a graves conflictos de trabajo, en los que las huelgas, el trabajo a desgano, la paralización de grandes sectores, el sabotaje y la resistencia pasiva y activa, han alternado con verdaderas acciones de insurrección.
En los setenta y un sindicatos que componen la “Intersindical”, sólo dieciocho han conseguido encuadrar con dirigentes comunistas, en tanto los cincuenta y tres restantes, pese a lo realizado por la dictadura, han sido copados por peronistas.
Hay que tener en cuenta que se trata de una minoría, pues los sindicatos argentinos pasan de 2.500. Quiere decir que el resto está agrupado en las organizaciones peronistas clandestinas mencionadas antes.
En la actualidad, tanto en la universidad, como en las organizaciones obreras, la alianza de los “gorilas” con el comunismo les ha resultado contraproducente a ambos, porque las arbitrariedades, masacres y persecuciones que la dictadura ha hecho con los obreros, han desprestigiado no sólo a los militares que ejercen el gobierno sino también, a los dirigentes comunistas que respaldan, en estos campos, la acción de esa tiranía. Los justicialistas, en este concepto, hemos cosechado aún lo que no hemos sembrado.
El panorama actual es muy favorable porque la Intersindical, creada por la dictadura para romper el frente peronista, ha sido copada por nosotros que así, tenemos no sólo nuestras organizaciones en la ilegalidad sino también en lo que la dictadura considera como legal. Poco a poco se irá barriendo al comunismo de la dirección de algunos sindicatos y finalmente todas las organizaciones obreras serán justicialistas, cualquiera sea la maniobra que la dictadura crea poder realizar para impedirlo.
Algunas comprobaciones comunistas en la Argentina
En el título anterior he querido dar un panorama sintético general de la situación comunista en la dictadura. A continuación daré algunos datos que evidencian la realidad numérica del progreso comunista en la Argentina, durante los dos últimos años de actuación de la dictadura.
En la última elección realizada bajo el Gobierno Constitucional, en 1954, para elegir vicepresidente de la Nación, votaron 89.624 comunistas en toda la República. En las elecciones realizadas el 28 de julio de 1957, para constituyentes, es decir después de dos años de dictadura, los votos de los comunistas han llegado a 228.451, es decir que han aumentado casi dos veces y medio su caudal. Eso se explicará muy claramente si se tiene en cuenta las razones que hemos enumerado en el acápite anterior.
Sin embargo, eso no es todo. Los socialistas marxistas, que en 1951 sacaron sólo 54.920 votos, han obtenido en las elecciones mencionadas de 1957, la cifra de 525.565 votos, es decir más de diez veces su anterior caudal electoral. Ello está demostrando que entre comunistas y comunoides suman en la actualidad 754.016 sufragios que, en 1954 no pasaban de los 140.000, es decir que el comunismo se ha multiplicado en la Argentina.
Todo este panorama de la real situación comunista en la Argentina explicará algunos sucesos que, a título de ejemplos, me permitiré mencionar, como una forma de aclarar aún más la situación. Los militares que están divididos en la Argentina en “moderados” y “gorilas”, marchan en desacuerdo en muchos aspectos: uno de ellos es el comunismo. Los “moderados” son anticomunistas, los “gorilas” creen que ellos se pueden servir de los comunistas y cuando llegue el momento se liberarán de ellos fusilándolos, porque ésa es la mentalidad de esos asesinos que no reparan en medios, desde que son verdaderos “gangsters” de la política. Así el famoso Quaranta, cuyo nombre y acciones recuerdan a los bajos fondos de Chicago en la época de la banda de Pendergas o Al Capone, ha utilizado sin medida a los comunistas.
Hasta mediados de 1957 los moderados del Ejército y la Marina habían dispuesto una razzia de comunistas, que realizada en forma intensa, fue la causa de que se clausuraran todos sus locales y sus dirigentes fueran confinados en una de las numerosas prisiones flotantes que la tiranía mantiene en diversos barco en el Río de la Plata. Más de 500 dirigentes comunistas fueron aprisionados, entre los que cayó Pablo Neruda que, aprovechando la jauja que era la Argentina para los comunistas, tuvo la mala idea de pasar una temporada en este país.
El Sr. Aramburu (más conocido en la Argentina por “La Vaca”), que no es sino un títere de las fuerzas que se mueven “detrás del trono”, se puso firme y ordenó que los comunistas fueran exterminados porque quería complacer a los norteamericanos que se sentían molestos por el “recrudecimiento del comunismo en la Argentina”. Así hizo prometer a su embajador en Washington que el comunismo sería declarado fuera de la ley y que se iniciaría inmediatamente su persecución aunque fuera necesario fusilar a la mitad de ellos.
Lo que “La Vaca” no había “rumiado” era si realmente podría cumplir con lo que prometía a los americanos del norte; si los comunistas, colocados ya en los puestos claves del gobierno y la administración, le permitirían realizar sus designios o si haría un papelón más de los tantos a que nos tiene acostumbrados (total, qué le hace al tigre una mancha más). Efectivamente, aprovechando el 1° de mayo, los comunistas promovieron, de acuerdo con los “gorilas”, una gran agitación por los detenidos comunistas: Pablo Neruda fue puesto en libertad inmediatamente, ayudado por sus musas y los quinientos restantes plantearon el problema al gobierno que tuvo que ceder presionado una vez más por los “gorilas” que le exigieron, no sólo la liberación de los quinientos comunistas, sino la apertura de todos sus locales y la declaración de que el comunismo era legal y que podía presentarse a elecciones de la misma manera que los demás partidos democráticos. No sabemos lo que habrá dicho Washington pero, de acuerdo con lo que se sostiene allí: “el gobierno de Aramburu no es todavía suficientemente enemigo como para ayudarlo”. Sin embargo, estamos seguros que si en la Argentina votara un mayor número de comunistas, esa ayuda no tardaría en llegar. De esa clase de incongruencias está empedrado el camino que conduce al desastre en todos los hechos de la historia.
En cambio que, el “Movimiento Justicialista”, único movimiento práctico y efectivamente anti-comunista, está fuera de la ley, en tanto el comunismo internacional participa del gobierno en la Argentina que, mientras ponía en libertad a quinientos comunistas, mantenía a millares de dirigentes peronistas y obreros en todas las cárceles del país. Sin embargo, el Peronismo es lo único organizado en la política argentina.
Pero, como ellos dicen que son “democráticos y libertadores”, algunos “robots”, con cerebro de “cretinos”, creen que por eso está bien, aunque vean que los comunistas allí también les están ganando la delantera. Yo prefiero que ayuden a “La Vaca” y no a nosotros, porque recuerdo a Chaing Kai-Shek, a los húngaros, a los polacos, a los coreanos, etcétera.
Podríamos seguir citando casos y casos sobre estos mismos asuntos durante la nefasta actuación de esta dictadura de ignorantes y asesinos que, en sus infinitas falsedades, se declaran anti-comunistas cuando hablan y son procomunistas cuando obran.
La realidad del comunismo
He querido presentar, en el caso argentino, un panorama que sirva de ejemplo y se pueda apreciar la seriedad del problema comunista, en el que mientras unos trabajan a base de engaños y mala fe, los otros lo hacen con peligrosa sabiduría y prudencia.
Es necesario comprender que en el mundo agitado que nos ha tocado vivir, algo se está produciendo en el sentido evolutivo, ideológico y doctrinario. Ese algo, de enorme trascendencia histórica, es lo que debemos penetrar si queremos enfocar en sus verdaderas proyecciones, mirando de frente sin claudicaciones y sin ignorancias que puedan ser fatales todos.
Algunos se conforman con ignorar la existencia de la Revolución Rusa, como si en la ignorancia, pudieran cifrarse las soluciones. Es indudable que en el mundo pasa algo y ese algo se evidencia en las dos guerras más funestas que registra la historia universal y en la amenaza de una tercera, aún más espantosa de cuanto hayamos soñado. Filosoficamente considerado el problema, no es sino una lucha de evolución entre las democracias imperialistas del siglo XIX y las democracias populares que han de residir, como signo ideológico, al siglo XXI. Las primeras luchan por subsistir y las segundas por derribar un estado anacrónico, ya superado por el tiempo. Las formas políticas no son trascendentales y su signo en el tiempo es precisamente su fugacidad, si no están respaldadas y reciben su vivencia en el quehacer histórico, que es el permanente y es el dominante. Así, el error de muchos reside, precisamente, en aferrarse a lo circunstancial en detrimento de lo permanente. No es otra cosa lo que está ocurriendo, en muchos aspectos de la vida y evolución actual, cuando se trata de oponerse a las formas, mientras se olvida el fondo de los graves problemas planteados en la humanidad.
El conflicto ideológico del siglo reside precisamente en el hecho de que se está dilucidando el signo que ha de presidir al siglo venidero. Es indudable que la historia no retrocede y de ello se infiere que este signo no puede ser el de las democracias imperialistas del Siglo XIX y que las democracias populares avanzan en el mundo entero con un ritmo vertiginoso. La única diferencia que puede existir es que las realicemos nosotros en cada país o que las realicen los comunistas, pero la disyuntiva es de hierro.
Bastaría que analizáramos los hechos. Para los que hemos vivido la primera mitad del Siglo XX no es problema difícil, porque los acontecimientos son muy ricos en toda suerte de enseñanzas y predicciones.
Cuando comenzó el Siglo XX, el comunismo se reducía al libro “El Capital” de Carlos Marx que sentaba la doctrina, a unos cuantos teóricos que tecnificaron esa doctrina y unos cuantos agitadores que la predicaron (Lenin, Trotsky, Gorky, etc.) Se formaron también rebaños de predicadores, con el rótulo Socialista, que comenzaron en el mundo a “sembrar la semilla roja”. Con este movimiento se produjo la primera revolución rusa de 1906 que fue ahogada en sangre. Desde ese momento la organización fue en serio. Se produce la Primera Guerra Mundial y su consecuencia en 1917, la segunda revolución con el triunfo de los bolcheviques y la implantación en Rusia del comunismo socialista. Ya no eran un teórico y unos cuantos agitadores, sino doscientos millones de rusos y los veintiocho millones de kilómetros cuadrados de su territorio.
En el interregno de las dos guerras mundiales el “Komintern” hace el trabajo de la expansión doctrinaria. Los socialistas que constituían el rebaño de predicadores, como buenos rebaños que eran, donde encontraron qué comer, se asimilaron al medio y crearon el “Socialismo amarillo”, absorbido por la burguesía. Es entonces cuando el comunismo los separa quedándose sólo con los que ortodoxamente sostienen el dogma comunista sin desviaciones ni acomodamientos de coexistencia burguesa. Al “Komintern” le sucede el “Kominform” que es el mismo perro con distinto collar.
Se produce la Segunda Guerra Mundial. Rusia amenaza aliarse primero con Alemania, para obligar a Inglaterra a provocar la guerra y luego se decide por ésta. Rusia entra así, aliada de sus enemigos ideológicos, como un primer paso para deshacerse del Nacional-Socialismo, su más peligroso enemigo doctrinario y luego operar contra sus verdaderos enemigos: el “imperialismo anglosajón”. Así se llega a 1945 y termina la guerra. ¿Qué ha sucedido? Para contestar esta pregunta, lo mejor es analizar lo que el comunismo he conquistado en el mundo actual. Al terminar la Segunda Guerra Mundial, la suerte ya está echada y la conquista comunista en plena expansión. Los días han pasado y el panorama de hoy es aleccionador. De los doscientos millones de hombres y los veintiocho millones de kilómetros cuadrados que era el sector comunista al terminar la Guerra Mundial, el comunismo ha pasado a dominar casi dos mil quinientos millones de habitantes, de los tres mil quinientos que pueblan el mundo y casi las tres cuartas partes de la superficie terrestre.
Para comprobar la anterior afirmación no bastaría hacer un recuento general y sintético: detrás de la cortina de acero europea, entre Lituanos, Estonios, Polacos, Alemanes Orientales, Húngaros, Checoslovacos, Rumanos, Búlgaros, Yugoeslavos, etc., se computan doscientos millones de habitantes que con los doscientos millones de rusos y los seiscientos millones de chinos, llegan a los mil millones. Detrás de la cortina de acero asiática entre indochinos, coreanos, vietnameses, polinesios, etc.. Se alinean otros doscientos millones que con los ochocientos millones de hindúes forman el segundo millar de millones, con los que se completan los 2.500 millones. Quedan sólo mil millones para los occidentales y esos mil millones están infiltrados y penetrados por el comunismo ruso a través de sus partidos comunistas regionales. Si sigue así, no creo que el mundo tarde más de diez años en ser comunista.
Cuando vemos este panorama y observamos las acciones que se desarrollan en el mundo para evitar el progreso del comunismo, no podemos menos que sonreírnos. ¿Es acaso con “Confederaciones Interamericanas de Defensa del Continente”, que podemos hacer algo contra el comunismo, máxime si como haremos constar seguidamente esas Confederaciones están constituidas por vividores que sólo buscan ventajas personales, en tanto aconsejan necedades como medidas para combatir los efectos, ignorando las causas? Así se ha pasado el tiempo, suministrando aspirinas para combatir el “dolor comunista” sin percatarse que hay que ir al mal y no a sus efecto, que es menester atender las causas y no sólo las consecuencias.
El comunismo es una doctrina y, a las doctrinas, se las combate con otra doctrina mejor. No con la fuerza, ni la violencia. El Capitalismo ha sucumbido ya frente al comunismo porque no es una doctrina, sino una torpe forma del materialismo explotador que, precisamente, constituye la causa, en tanto el comunismo es la consecuencia. Mientras el capitalismo insista en sus abusivos sistemas de explotación humana y la explotación del hombre por el hombre sea su norma, el comunismo irá adelante con su ritmo tan rápido, como intenso sea el egoísmo capitalista en su ritmo de explotación humana.
En último análisis el conflicto se plantea, por ejemplo, sobre la propiedad. En el sistema capitalista el pueblo no tiene acceso a la propiedad y su capitalización es algo poco menos que inalcanzable en las condiciones actuales de la organización capitalista del trabajo. ¿Qué le importa a un trabajador el derecho romano y la propiedad, si él sabe que son cosas que le están prácticamente vedadas? Cuando el comunismo le dice que la propiedad es un prejuicio burgués y que el Estado debe ser el único propietario en beneficio de la comunidad, es lógico que el obrero acepte esto como natural, desde que él considera una injusticia, como en realidad lo es, su miseria en medio de la abundancia.
Cuando nosotros creamos la doctrina justicialista y pusimos en ejecución sus postulados desde el Gobierno Constitucional, capitalizando al Pueblo y asegurando a sus hombres el acceso a la propiedad privada, en poco tiempo casi terminamos con los comunistas. Cuando mediante el plan de viviendas, cada trabajador pudo comprar su casa. Cuando mediante la jubilación universal cada ciudadano aseguró su porvenir contra el infortunio. Cuando los obreros mediante el pago de salarios justos y humanos y el control de los precios ajustados a lo real, pudieron hacer economías y llegaron a poseer ahorros. El comunismo no tenía razón de ser y la gente del Pueblo llegó a reírse, como nos reíamos nosotros, de su prédica.
Uno de los terribles errores del comunismo es precisamente la supresión de la propiedad, que ha surgido allí como una consecuencia reaccionaria contra la desposesión del pueblo ruso en sus antiguas organizaciones un tanto medievales. Pero hoy ya se habla allí de la necesidad de reimplantar la propiedad privada, como consecuencia de la experiencia recogida en casi cuarenta años de colectivización. El derecho de posesión es consubstancial con el hombre, desde que el cavernario ocupó la primera cueva que lo fijó a la tierra, destruyendo su nomadismo inquietante y dificil.
Nosotros, con el Justicialismo ofrecimos una experiencia y la realidad fue mucho más allá de cuanto nosotros mismos habíamos imaginado. Por eso nuestro predicamento popular ha sido tan grande, no sólo en nuestro país, sino en el mundo entero. Es que los pueblos anhelan obtener justicia sin que el comunismo los invada, pero el egoísmo hace imposible tan justa demanda y prefiere arrastrado y barrido por las hordas rojas, antes de claudicar de lo que considera su injusto predominio. En las horas actuales lo conservador es evolucionar, porque el que se aferra a conservarlo todo, se expone a perderlo todo, incluso las orejas.
Lo que ha pasado en la República Argentina no hace sino confirmar lo anterior. Allí la oligarquía ayudada por el capitalismo y la metrópoli inglesa, han obrado con una miopía inaudita, dando lugar a que el comunismo se multiplique aceleradamente, porque el desesperado “se aferra aún a un clavo ardiendo”. Sin embargo, no creo que allí el comunismo haga camino porque el Pueblo, que ha probado el Justicialismo, ha de luchar por reimplantarlo, cueste lo que cueste y caiga quien caiga.
El comunismo en Latinoamérica
Planteado el verdadero problema comunista en el mundo, de acuerdo con lo que dejamos anotado anteriormente, se nos presenta como interrogante la actitud que frente a esa realidad, adoptan los pueblos latinoamericanos, ya que la actitud individual está demostrando, con la intensificación de la penetración comunista, que no es valla que pueda detenerlo. Las masas populares de nuestro Continente, trabajadas durante más de cincuenta años por la prédica marxista del Socialismo, están preparadas para cualquier cosa, en ese sentido. Nosotros, los argentinos mismos, que hemos trabajado incesantemente durante estos diez últimos años, para desterrar el marxismo de las masas, mediante el único expediente racional de oponerle la prédica y la realidad de una doctrina mejor, no estamos seguros aún de que hayamos obteniendo un éxito definitivo. Tal es la fuerza de la prédica anterior, intensificada por la acción negativa del capitalismo imperialista de explotación.
Para los pueblos, el problema se presenta como el nacimiento de un nuevo imperialismo que reemplazará al anglosajón que llega a su fin. Varios siglos de dominio lo han desgastado y desprestigiado frente a los pueblos, que ahora comienzan a preguntarse si el nuevo imperialismo soviético podrá ser peor o mejor que el que la humanidad ha soportado durante los últimos siglos. Esa es la realidad, aunque muchos la oculten o tengan temor de expresarla.
Desde lo fenicios hasta nuestros días el imperialismo, según Gay, ha tejido la inmensa tela en que han quedado aprisionados los hombres de todas las razas, en todos los tiempos. El mundo no cambia, cambian los imperialismos, que a menudo se disimulan detrás de llamativas palabras que sólo alcanzan a expresar una verdad vergonzante. Por eso el hombre ha sido insectificado por los sistemas, capitalista o comunista, que en el orden del humanismo práctico, como extremos, se tocan. El comunismo, en nombre de la comunidad y la socialización integral, mantiene la propiedad estatal. El hombre trabaja para el Estado, el que le entrega el diez por ciento de su producción, para su subsistencia en retribución. El capitalismo individualista, en nombre de la libre empresa y la democracia, respeta la propiedad, cada uno trabaja lo suyo pero, a fin de año, el Estado, en nombre de superiores intereses de “supervivencia democrática” le quita el noventa por ciento de lo producido, para ser empleado en la defensa de la comunidad democrática. Para el hombre del pueblo que trabaja, encuadrado en la celda de su humano papel, en una insectificación similar resultante del Taylorismo o del Stajanovismo, ¿qué diferencia puede existir entre uno y otro sistema?
Esto es lo que a menudo se pregunta el hombre del Pueblo, que es en realidad quien sufre las consecuencias pero, que será también quien, en último análisis, deberá decidir. En todos los países latinoamericanos existe un fermento terrible, mal disimulado a través de los vaivenes de la política criolla, tan rica en recursos aleatorios en la realidad. Los problemas son en cambio de carácter social y reivindicativos. La solución política no los satisface, ni los satisfará jamás, mientras subsistan los verdaderos problemas que dan nacimiento y vivencia a la inquietud social de los explotados. De ello se infiere que es necesario “tomar el toro por las astas” y encarar las reformas necesarias, como un seguro de vida contra el comunismo, cuya prima será más elevada a medida que el peligro crezca, como sucede en todos los sistemas de seguro.
Buscan subterfugios que reemplacen a la verdadera justicia que el pueblo ansiosamente espera, es postergar la solución pero no resolverla, y este problema se resuelve de una sola manera, dando al César lo que este del César y a Dios lo que es de Dios, como reza en el evangelio. Los sistema de explotación del hombre por el capital o por el estado son cuestiones remanidas ya en el siglo XX, para que puedan satisfacer a los desengañados que se cuentan por mil de millones. O se cambian los sistemas o deberá enfrentarse la realidad de una lucha cruenta con todas sus secuelas de dolor, miseria y sufrimiento.
Esa es la razón de ser del justicialismo, que, en Argentina, resolvió el problema y que la reacción, representada por la ignorancia y el terror de una banda de irresponsables, no ha hecho si no comprobar y consolidar a través de dos años de crímenes y fracasos.
La suerte de la oligarquía Argentina y de los representantes del capitalismo y colonialismo extranjero ha sido sellada por la evolución y los hechos producidos. Sólo es cuestión de tiempo: o los colgamos antes o los cuelgan los comunistas luego. Lo que sí se puede asegurar es que su destino está siempre en un árbol.
La evolución histórica que tiene sus exigencias y nadie, en este sentido, tiene posibilidades de éxito si se opone al quehacer histórico, que nadie capaz que te vencer al agua, cuando se empeñan en nadar contra la corriente. El problema argentino está decidido. En la lucha entre la reacción y el pueblo, a la larga, vence el pueblo y, la violencia del desenlace será tanto mayor, cuanto más largo sea el periodo de gestación y de lucha.
Eso mismo parece ser lo que está ocurriendo en los demás países de nuestro continente trigueño, donde el justicialismo ha trascendido a las masas populares, que, conscientes de las diferencias locales y circunstanciales, lo aceptan como una nueva doctrina que debe ser estudiada y comprendida. Ese es el verdadero camino de la evolución, ya que los que han impuesto sus sistemas por la fuerza y el dominio material, nunca han construido nada permanente. La misma resistencia que encontrado el justicialismo en los sectores interesados es una razón de su fuerza efectiva, desde que las doctrinas que han triunfado en el mundo, han sido siempre las que han sido más combatidas. El cristianismo antes o el comunismo en nuestro tiempo, son dos ejemplos de esta afirmación, aunque resulte una herejía mentarlos juntos.
Una nueva conciencia social en marcha agita a los hombres de nuestra América Hispana. Ello no es sino la consecuencia de lo que en el mundo pasa. Los políticos, los reaccionarios, los eternos enemigos de todo lo nuevo, se rasgan las vestiduras ante las pretensiones de los “negros” como despectivamente motejan al hombre del Pueblo, pero la historia sigue el fatalismo de su curso. Pobres de los que se opongan a los designios de su inescrutable destino. La “hora de los pueblos” anunciada hace diez años por el justicialismo está mucho más cerca de lo que muchos creen. Todo es cuestión de que sepamos elegir el camino para evitarnos males mayores.
La simulación de la lucha contra el comunismo
Frente al cuadro pavoroso de penetración que hemos mencionado nos preguntamos: ¿Que hacemos nosotros contra el comunismo? La contestación es realmente desconcertante, si hemos de atenernos a la realidad y a la verdad. Parecería como si todos, ocupados en sus propios problemas y soluciones, dejaran que los demás realizaran todo en este sentido sin acordarnos de que se trata de un peligro común que es menester que sea encarado también por todos.
Hemos visto en el ” caso argentino” antes descrito, como se ha dado allí lugar a que el comunismo alcanzara sus más alto exponente representativo, merced a las facilidades que la dictadura ha puesto a su alcance, permitiéndole que actuara en los más codiciados los sectores para su acción: la Universidad y los gremios obreros. Ello ha sido posible solamente porque la dictadura que ha preferido entregar al comunismo esos sectores a fin de “desperonizarlas”, sin darse cuenta de que con ello entronizaba el mayor peligro a cambio de un apoyo político que puede serles fatal.
Pero este ejemplo Argentina no es caso aislado, mas bien podríamos decir que es la regla entre los políticos sin principios, que en busca de ventajas circunstanciales olvidan lo permanente. Ellos hacen en la política interna, lo mismo que se ha hecho en la política internacional, cuando los occidentales aliados a los comunistas destruyeron a Alemania e Italia que, pese a sus regímenes, no representaban un peligro semejante al que hoy representa el comunismo en vías de dominar el mundo. Y lo que el comunismo ha hecho en el mundo no se debe a su propia acción, si no más bien a las valiosas ayudas que sus enemigos le han prestado. Lo mismo ocurre en la política interna donde los partidos comunistas progresan por la acción de los demás partidos que cometen la ingenuidad de pensar que ellos se pueden servir del comunismo.
El mundo está hoy sembrado de organizaciones políticas, económicas, sociales, publicitarias, científicas y culturales que no son más que colaterales disimuladas del Partido Comunista Internacional. Estados Unidos mismo está penetrado por esas organizaciones y por lo tanto, tiene y la “quinta columna” dentro. Los numerosos casos descubiertos no hacen sino evidenciar que aún queda mucho por descubrir y que la desaprensión y descuido están en todas partes.
Pero la más lamentable es que las organizaciones colaterales creadas por nosotros para combatir comunismo, no pasan de ser burdas simulaciones, en las que los aprovechados tratan de sacar ventajas personales, de lo que debería ser una cosa tan sería y tan responsable.
Algunas conclusiones
Deliberadamente, he planteado el problema comunista en la Argentina porque la anunciada conferencia de 1958 será realizada en Buenos Aires y no estará de más conocer lo que está pasando allí en lo que concierne a las actividades rojas. De la síntesis brevísima anteriormente expuesta, podemos extraer las siguientes conclusiones:
1° El comunismo, merced a nuestra inoperancia, desaprensión e incapacidad, ha adquirido tal preponderancia en el mundo que, a pesar de lo que pueden decir los interesados en ocultar su progreso, está dominando a más de las dos terceras partes de los habitantes del mundo y sus espacios territoriales.
2° Que la falta de inteligencia y comprensión con que se ha encarado el problema y el egoísmo con que se ha realizado esa lucha, no han hecho sino coadyuvar en la consecución de su victoria.
3° Que, en vez de oponer a la doctrina comunista, una doctrina mejor, se le ha opuesto un sórdido materialismo, que ha justificado el comunismo como efecto de una causa, que es el capitalismo imperialista.
4° Que se ha pretendido subordinar la natural evolución de la humanidad, en vez de crear los sistemas que se adaptasen a su evolución y, como consecuencia de ello, en la lucha contra el comunismo “los caballos encuentran atados detrás del carro”.
5° Que, en vez de atacar las causas, para suprimirlas mediante soluciones inteligentes, se ha tratado de suprimir los efectos con medidas inoperantes y ridículas, como sucede en el caso de la Confederación que Defensa del Continente.
6° Que, se evoluciona hacia formas de real y efectiva justicia social o hay que aceptar que, con guerra o sin ella, antes de diez años, el mundo será de los comunistas.
7° Que, pese aquí en Latinoamérica las cosas no han llegado el estado que se encuentran en Europa, Asia y Medio Oriente, nada hace pensar que se detendrá allí la corriente roja, si se insiste en explotar más o menos colonialmente a esos países, se los abandona a su propia suerte y se apoya a los gobiernos “democráticos” que se dedican a servir los intereses foráneos y no a solucionar los graves problemas de los pueblos.
8° Que, en la Argentina, existe una dictadura muy favorable al comunismo, no sólo porque lo ha hecho participar en el gobierno, en las universidades, organizaciones estatales y obreras, sino también, porque ha creado un clima de violencias y caos, muy favorables al desarrollo de la “peste roja”.
9° Que, el progreso evidente y la actividad comunista y comunoide en la Argentina, pone de manifiesto un grave peligro, ante la indiferencia de muchos y aún el apoyo de las que diciéndose enemigos del comunismo con su miopía e inoperancia, no hacen sino favorecer a sus intereses y cooperar en la reacción de los pueblos encarecidos y explotados.
10° Que es evidente la penetración comunista en los órganos publicitarios, que se traduce en medias inteligentes, para producir efectos sin poner en evidencia propósitos y desarrollando una propaganda insidiosa en contra de las que combaten con eficacia al comunismo, utilizando para ello cualquier pretexto, especialmente los rótulos conocidos de la “democracia”, la “libertad”, la “libertad de prensa”, etcétera, que se prestan a toda clase de supercherías cuando se las considera “tabú”.
11° Que, en muchos casos, hombres que han jugado su destino contra el comunismo, se ven atacados por los que simulan ser anticomunistas, cuando en realidad sólo sirven, consciente o inconscientemente, a los intereses de esta ideología, hasta llegar a pensar si será necesario hacerse comunista para poder vivir tranquilamente en nuestro propio continente.
Cuando les dijeron a los comunistas: “¿Y si los socialistas toman el gobierno?” Ellos contestaron: “Déjenlos que lo tomen, porque es seguro que van a fracasar”.
Analicemos qué hicieron los socialistas donde tomaron el gobierno:
En Italia, la acción socialista de Nitti condujo al fascismo de Mussolini.
En Alemania, la república socialista de Ubert condujo al nacionalsocialismo por reacción.
En Francia, la república socialista de Poincaré condujo a la primera guerra y la de Blum a la segunda.
En Inglaterra, el primer gobierno socialista de Ramsay Mac Donald estuvo seis meses en el gobierno.
En España, el gobierno de Azaña llevó a la guerra civil y a una situación económica que tal vez necesite mucho tiempo para hallar solución.
Podríamos analizar muchas otras partes en las que la acción del socialismo se ha hecho sentir, llevando a los países al fracaso y entregándolos en manos del comunismo, a pesar de los que han aparecido para defender los últimos restos que aun quedan del socialismo en el mundo.