Malvinas es conflicto, no hipótesis

aviones malvinas

La cuestión Malvinas es para los argentinos una causa nacional, un sentimiento aglutinante, al margen de comprensibles posiciones partidistas o ideológicas, y exento de pasiones emocionales.

Las irredentas islas fueron usurpadas en 1833 por la tercera invasión inglesa, a pesar de que en 1825 en Buenos Aires se había firmado con el Reino Unido el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación. En 1845, la armada de la Rubia Albión intentó, mediante la cuarta invasión, avanzar sobre nuestro país (combate de la Vuelta de Obligado). El resto es historia reciente y la disputa por la soberanía de las Islas no ha sido modificada.

Lamentablemente, errática y sin resultados ha sido la política diplomática —tanto la de seducción a los isleños o la de agresión inconducente a Londres— por parte de nuestro país en los últimos 25 años. Mientras parlamentarios británicos periódicamente visitan países, particularmente latinoamericanos, exponiendo sus pseudoargumentos, es preocupante la ausencia de nuestros legisladores —de distintos signos políticos— para reiterar el apoyo que nos brindan y enfatizar que Malvinas es una Causa Nacional y no la de un Gobierno de turno, como me consta que aducen los británicos en sus visitas.

El Reino Unido desoye reiteradamente a la comunidad internacional y, como se ha evidenciado, su recurrente proceder ha sido la militarización de una zona de paz como era el Atlántico Sur. Clara visión imperial del mundo en la que el control militar de estratégicos recursos naturales es determinante. En 2010, la nueva Revisión de la Seguridad y Defensa Estratégica británica enunció como objetivo para la Base Aeronaval Malvinas el contar con un centro de apoyo para el despliegue militar británico a escala mundial. Esa es la causa de los periódicos ejercicios de combate en la zona, que recibieron el rechazo de diversos foros regionales y birregionales. El invocar que lo hace para defenderse de un ataque argentino es algo disparatado, y el Reino Unido no lo ignora, como tampoco ignora nuestra vocación por la Paz.

Casi 25 años operando juntos en Chipre argentinos y británicos, en una misión de Mantenimiento de la Paz (UNFICYP, por sus siglas en inglés), en el marco de la ONU, así lo demuestra; como también nuestra predisposición para colaborar en la identificación de los 123 soldados enterrados en Darwin, y en el desminado remanente del conflicto armado. No puedo omitir señalar mi reconocimiento a la profesionalidad e hidalguía del soldado británico.

Malvinas constituye para el Reino Unido —miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU— no una hipótesis de conflicto, sino un conflicto. También debe serlo para nosotros, pero ambos países descartamos totalmente una hipótesis de guerra. La solución del diferendo demandará mucho tiempo. Recurrentemente el Reino Unido impone condiciones inaceptables para las negociaciones bilaterales, como por ejemplo el “deseo” de los isleños —ciudadanos británicos— trasplantados por ellos mismos a las Islas, por lo que no se trata de un pueblo originario, e ignoran nuestro compromiso de respetar sus intereses y modo de vida.

Nuestra política exterior debe evitar marchas, contramarchas e inconsistencia en el tratamiento de diversos temas sensibles. En particular, respecto de la Causa Malvinas, se debe priorizar en todos los foros internacionales con firmeza, coherencia y respeto nuestros inobjetables argumentos históricos, geográficos y jurídicos, sustentados por el sólido alegato del Embajador José M. Ruda de 1964, que motivó la resolución 2065 (xx), emitida, al año siguiente por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Fue aprobada por abrumadora mayoría; respecto de ella el propio Reino Unido no pudo oponer un voto negativo. Este fue uno de los mayores éxitos de la diplomacia argentina.

Así, es condicionante vital la consolidación de un frente interno despojado de estériles posturas ideológicas, partidistas o, peor aún, electoralistas. Siempre es útil y también relevante para nuestra clase dirigente saber rodearse de asesores prudentes y altamente capacitados en el tema Malvinas, y en otros casos sensibles y vulnerables; por ejemplo, el desprotegido litoral marítimo de 5.000 km caracterizado por su riqueza ictícola y energética, y un espacio geopolítico —joya de materias primas y recursos naturales— vacío y también desprotegido, como lo es nuestra Patagonia. Para incidir en lo expresado, la Argentina deberá fortalecer su capacidad de disuasión, negociación y seguridad, que impone, entre otros aspectos, un real —y actualmente inexistente— sistema integrador de defensa nacional, en torno a definiciones, objetivos y misiones concretas que abarquen a las tres Fuerzas Armadas y a otros factores del poder nacional. Ello excede los tiempos de cualquier gobierno, requiere continuidad y una mirada desideologizada, garantizada mediante un compromiso de las principales fuerzas políticas. Ese será el mejor reconocimiento y homenaje a nuestros caídos en el absurdo conflicto de 1982, que llevó a un país periférico —y desprestigiado internacionalmente por la violación de los derechos humanos— a un enfrentamiento con una potencia nuclear que contaba con el apoyo de los Estados Unidos.

Martín Balza fue jefe del Estado Mayor del Ejército y embajador en Colombia y Costa Rica. Es Veterano de Malvinas.


Fuente:http://www.clarin.com/opinion/Malvinas-conflicto-hipotesis_0_1684631677.html