Más deuda, dólar atrasado y tasas altas: el método colombiano que copia Prat-Gay

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Más deuda, dólar atrasado y tasas altas: el método colombiano que copia Prat-Gay

Como si se tratara de un mantra, el Gobierno vuelve una y otra vez a su desafío central: bajar la inflación. Es la madre de todas las batallas y si bien el Banco Central ha asumido un rol protagónico, cierto es que el ministerio de Hacienda lejos está de ser indiferente. En el juego de roles que asumen frecuentemente una y otra entidad bajo el imperio de la ortodoxia económica, Federico Sturzenegger, el titular del BCRA, parece determinado a mantenerse firme en su tesitura.

Más allá de los debates por el efecto colateral que significó mantener el costo del dinero elevado y que terminó por profundizar la recesión económica, existen señales de que el plan antiinflacionario perdura en la agenda de los principales funcionarios del Gobierno. Si bien Prat-Gay presuponía una inflación del 25% para el año, la realidad es que ese guarismo cerrará 2016 con unos 15 puntos porcentuales adicionales.

Claro está que el proyecto de Presupuesto marca para el año próximo una inflación sensiblemente menor, de entre 12 y 17%, y se espera un 5% para 2019, es decir, que la inflación debiera bajar gradualmente.

El secreto mejor guardado es que el plan rector para bajar la inflación parece deberle mucho a las enseñanzas y experiencias de otros países que pasaron por una historia similar, con tasas de inflación de entre 15 y 30% como la que trae Argentina desde hace una década. En ese sentido, los teóricos del Gobierno señalan que, fundado en más de 100 casos inflacionarios, existe un 60% de probabilidad de lograr bajar la inflación, pero nadie se anima a preguntar qué ocurre con el otro 40 por ciento…

Una carpeta que circula en los principales despachos con información relacionada sostiene que, en promedio, los países demoraron unos cuatro años para virar de una inflación moderada a una baja, algo que concuerda con las proyecciones del Gobierno para tener un 5% de inflación en 2019. Costa Rica, por ejemplo, logró bajar la inflación en dos años, pero eso fue hace tiempo; Israel, por otro lado, lo hizo entre 1992 y 1993 y Nueva Zelanda, entre 1988 y 1989.

Si bien hay casos que demuestran que Hungría, Italia, México, Corea del Sur, Polonia, Rusia y España lo hicieron a un promedio de 6 o 7 años, en el Gobierno creen que lo más cercano que se está del caso Argentino es la experiencia de Chile y Colombia, aunque en ambos casos les llevó más de una década.

¿Qué hicieron estos países allá por la década de los 90 para bajar la inflación? Por un lado, adhirieron a una estrategia de metas de inflación, es decir, adaptaron su política de tasas y emisión a los guarismos que arrojaba el sistema de precios. Precisamente hace apenas seis semanas, el BCRA anunció el nuevo régimen de metas inflacionarias que tendrá como fecha oficial de inicio el primer día hábil de 2017. El plan es ir hacia una política monetaria parecida a la de los países en desarrollo pero en forma solapada: según dijo Sturzenegger, “no debería ocurrir nada. Si hay algún efecto en el dólar o las tasas, habremos hecho mal las cosas”.

El primer paso fue explicar cómo se fijó la meta de inflación anual, que ya fue dada a conocer: un rango de entre un 12% y un 17% para el año próximo; uno de entre el 8% y el 12% para 2018; y una reducción al 5% para 2019. Para ello el BCRA pone el foco en la tasa de interés.

El segundo es la incorporación de nuevas operaciones de mercado abierto, con la finalidad de administrar con mayor eficiencia una política monetaria cuyo foco hoy está puesto en las licitaciones de letras de deuda (Lebac). Sostienen en la City que, para sacar pesos de la economía, el BCRA intervendrá en el mercado secundario de estas letras, le dará mayor volumen a las operaciones de pases activos y pasivos, incorporará compras y ventas de títulos públicos al sector privado (“operaciones de mercado abierto”) y administrará, como hasta ahora, el nivel de encajes que las entidades financieras deben colocar por sus depósitos. El tercer paso será divorciar la fijación de la tasa de interés de las licitaciones de deuda y de las intervenciones en el mercado, mientras que por último vendrá el cambio de tasa de referencia de corto plazo, que dejará de ser la de Lebac a 35 días y que podría pasar a ser la de pases activos a un día.

Volviendo al ‘método‘, para combatir la inflación tanto Chile como Colombia comenzaron a emitir bonos y financiarse en el mercado en lugar de apelar a la emisión del Banco Central. También se hizo lugar a las negociaciones paritarias, que arrojaron un incremento de los salarios tomando en cuenta las tasas inflacionarias, pero siempre a un nivel similar en términos reales. En cuanto al desempleo, el paper del Gobierno señala que en el caso chileno, la falta de empleo se ubicó por encima del 10% e incluso en Colombia duplicó ese guarismo.

Quizás uno de los datos más relevantes es que, en ambos casos, el tipo de cambio de arranque fue con un dólar caro, lo que usualmente es utilizado como “ancla inflacionaria”, si bien las tarifas desactualizadas amenazan este proceso.

En la City, utilizando como base el año 2005, observan que el Tipo de Cambio Real (TCR) en relación a EE.UU. ha atravesado por un proceso de apreciación a lo largo del 2016 (comparando los niveles actuales con datos de febrero del mismo año se ve una apreciación en la línea del 20%) y basándose en las expectativas inflacionarias descendentes y estimaciones del CPI americano para el 2017, calculan que el peso debería oscilar en un rango promedio de $17-17,40 a lo largo del próximo año.

A la vez, atan la suerte de la inflación en 2017 a un ‘combo‘ en el que sobresale la demanda de dinero, ya que ésta última depende a su vez, entre otras cosas, del nivel de actividad, expectativas de inflación, expectativas de devaluación, diferencial de rendimientos pesos/dólares y política monetaria. Así, concluyen que el año próximo todas las variables jugarán a favor de la demanda de dinero, contribuyendo a que la inflación baje más y más rápido en 2017 y que en consecuencia, la meta de inflación pueda ser alcanzada el próximo año.

Si bien el Gobierno ha puesto en marcha su plan antiinflacionario con varios elementos tomados de los casos regionales, los efectos colaterales de ese programa pueden generar polémica. La pregunta que hay que hacerse es “para quiénes se baja la inflación y quiénes serán los ganadores y perdedores”. Los críticos de estas medidas dicen que si se toma a la inflación como una entidad abstracta, separada de la economía real, se compromete el crecimiento y el empleo, algo que se verifica en la experiencia histórica, sobre todo en lo que hace al mercado de empleo.

Fuente:http://www.cronista.com/columnistas/Mas-deuda-dolar-atrasado-y-tasas-altas-el-metodo-colombiano-que-copia-Prat-Gay-20161108-0035.html