Brasil y Venezuela: recolonización contra el independentismo

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    Brasil y Venezuela: recolonización y corporatocracia contra el independentismo

La recolonización y la imposición definitiva de mecanismos de la corporatocracia es lo que se esconde en el fondo, de lo que sucede en Brasil y en Venezuela.

Una embestida en la que siempre los éxitos se deben, a la mezquindad del continente hasta en el mismo mundo independentista, hasta en el uso de una diplomacia oligárquica que debe ser remplazada por una versión popular y democrática, con decisiones pragmáticas y proactivas de fondo. Sólo cuando Almagro se descaró junto con su padre putativo José Mujica, es que Ecuador, la Zona ALBA y Cuba, se sumaron a la solitaria voz en el desierto de Bolivia, que había protestado sin ambigüedades: goza la izquierda, la disfrazada que se declara comunista cuando conviene, o se viste de progresista, de una lentitud de tortuga coja para reaccionar y allí está el éxito de la coporatocracia.

¿Pero qué es la corporatocracia? Es el gobierno de las grandes corporaciones extractivistas, del agronegocio transgénico y el gran complejo militar e industrial, que fue develada por Eisenhower, la misma que se cargó a John F Kennedy y tuvo una etapa terrateniente y manufacturera de corte anglo sajón y sionista, que hizo sus primeros pininos dando cuenta de Abraham Lincoln y John Garfield, la misma que ensayó con William Walker la ocupación de territorios en Centroamérica para crear una colonia experimental al gusto de James Monroe, versión de un continente en poder de un gran estado imperial, el mismo que ha sido tomado por las corporaciones que tienen en la banca sionista y germana, el cerebro desde el cual en Bildelberg, han concretado una estructura más inteligente que se mueve en pequeños ensayos para la creación de colonias que actúan como puestos de control militar en varias partes del mundo, expresión de un gobierno mundial que comienza a destapar sus cartas:

Las ciudades estado en Honduras, una de las hipótesis para acabar con los estados naciones independentistas en Abyayala/América; Somalilandia y Yemen del sur, así como Libia la desmembrada, son expresiones de otra tesis donde las pandillas o el terrorismo, se emplean en una versión del divide y vencerás identificada por los Césares en Roma, como la teoría del caos o del Shock parida en la guarida de Harvard, que suma paramilitares y mercenarios/contratistas, versión de la clásica pelea de perros de todos contra todos, con armas vendidas y entregas en degustación por la corporatocracia, que la OTAN y USA entran a “solucionar” empeorando la cosa. Con esta vieja fórmula obtienen  recursos energéticos o estratégicos baratos: el negocio de la guerra es otra cara de la corporatocracia, que se lava la cara con fundaciones como la Ford, Soros, USAID, NED, Carnegie y otras lacras disfrazadas de caridad, que terminan criando neonazis como en Ucrania, alimentados por Victoria Nuland, una empleada de esta mafia global, en funciones diplomáticas…!De guerra! Por supuesto, garantizadas con las USA bases militares que promueven la discriminación legal: pueden violar o asesinar a tus hijas e hijos, pero no ser juzgados en Colombia por impunidad diplomática.

Por esa forma de gobierno en crecimiento, que se va ajustando a los tiempos,  adquiriendo múltiples formas y discursos, se ensayaron dos guerras mundiales y se creó un poderoso aparato de propaganda, que hoy controla el planeta, cobrando sumas astronómicas por educar con su basura disfrazada de ciencia, en las facultades de Ciencias Administrativas y económicas del eje USA/OTAN, vistiendo un ropaje de santidad científica en Harvard, Oxford, Yale y toda esa red de universidades que son inmensos espejitos, donde amaestran a nuestra dirigencia, desde Leopoldo López hasta Juan Manuel Santos o Mauricio Macri, para que entreguen nuestros recursos – a precio de huevo-  incluyendo hasta los ríos, garantizando así la limpieza étnica deseada por las multinacionales como Chevrón, dejar sin agua y sin vida a los pueblos indígenas y afrocolombianos, como sucede en la Guajira con los Wayuu, sacrificados de hambre y sed en aras de la estupidez y la codicia, para que las multinacionales se lleven todo el billete y nos dejen la contaminación y la pobreza de siempre empeorada.

Y de esto nada se sabe o se dice con el mismo ardor con que se sataniza a Nicolás Maduro, porque las empresas de propaganda nada dicen, ocupadas del infierno de Venezuela y del castro chavismo. Y como detrás de esta empresa de recolonización hay múltiples equipos de embrutecimiento a través del marketing que te hace pagar carísimos hasta pantalones rotos como último grito de la moda, el fútbol  lavandería que patrocina a los equipos de fútbol nacional, no sólo distraen sino que logran el apoyo de la población embaucada con muy poco, para que apoyen hasta el suicidio  a empresas que nos hacen el daño como Pacific Rubiales, una corporación canadiense y colombovenezolana, que recicló lo peor de la directiva de la antigua PDVSA, mientras sembró de muerte, miseria y contaminación la región de los llanos.

El poder de esta maquinaria, que ya pasó de la etapa bélica abierta, cuando arrasaron con tropas invasoras a Haití, Santo Domingo y la Guatemala de Arbens, reside en la capacidad de propaganda y manipulación, donde radio, televisión, impresos y redes sociales conforman un núcleo duro, que convierte a malandros como Leopoldo López en santos barones de la democracia, o ratifica como delincuentes a líderes populares como Milagros Sala, Bertha Cáceres y Hubert Ballesteros, terrible maquinaria que opera sin descanso con el refuerzo de las telenovelas de corte racista y clasista, capaces de parir hasta una esclava blanca o un Pablo Escobar Patrón del mal, enemigo de Los 3 Caínes como una épica guerra entre cruzados del bien bien que combaten al terrorismo, cuando en realidad fue una vulgar guerra entre hampones por el control de las rutas del narcotráfico en el Caribe.

La corporatocracia, domina casi todo el dinero del mundo, desde que China, Irán, Rusia, India y Suráfrica, irrumpieron con una propuesta surgida de Suramérica, en las voces de Hugo Chávez, Correa y Lula, que quiso recoger Gadafi, quien fue derrocado sin contemplaciones, empleando terroristas que la poderosa industria del embrutecimiento mediático convirtió en rebeldes. La corporatocracia se alimenta del narcotráfico del planeta, bien sea el opio de oriente y la heroína de los dos hemisferios, más la cocaína y la mariguana y nuevos engendros químicos que traban y producen miles de millones de dólares que son lavados ante nuestros ojos de idiotas, en los grandes salarios del mundo del deporte y el cine y la tele.

Pero esto es a la vez es un pretexto de intervención política y cogobierno, siendo ellos una terrible cuerda de mafiosos, como lo demostró el caso Irán Contras o el apoyo a los mafiosos del opio en Kósovo y Afganistán. No en vano una USA senadora acaba de inventar una ley ignorante como ella, pero peligrosa como todo ignorante que se cree heraldo de Cristo, puesto que convierte en delito las plantas y hojas de coca, que son empleadas como medicina y para otros menesteres alimenticios en Bolivia y Perú, no siempre para la producción de cocaína que es un residuo químico extraído de la hoja de coca, enseñado a cocinar por los mismos gringos de la CIA y la DEA, que se disfrazan también de religiosos. Y he allí como se combinan dos tipos de religiones que actuaron en el golpe de Honduras contra Zelaya y contra Dilma en Brasil: los pastores (dizque) cristianos de la iglesia ladrona de Eduardo Cunha y los pastores de los canales de televisión, prensa y radio, reunidos bajo la Red O Globo.

Luego del fracaso en Colombia con Ernesto Samper, ahora el gobierno mundial perfeccionó un golpe que sigue teniendo a los militares comprados y amaestrados en un segundo plano, pero prestos a actuar sí hay que asesinar o torturar o secuestrar o amenazar, como en Brasil donde deliberan por debajo de cuerdas o en el golpe de advertencia contra Correa, que no alcanzó a cuajar porque no tuvo consenso en el estamento castrense. Honduras y Colombia dan cuenta del uso permanente del militar en el control de malas yerbas comunistas, bajo el control del comando Sur que ocupa el territorio de los dos países a través de múltiples bases militares, incluyendo la DEA y la CIA que se confunden en la misma vaina: lo que está de fondo, es la creación de un mecanismo barato para dar golpes de estado, que funcionó en la Europa embrutecida de las revoluciones de colores, en la Ucrania de los neonazis de Victoria Nuland, y que en Abyayala/América, quiere parlamentarizar a la fuera, los regímenes políticos presidencialistas o el gobierno de jueces corruptos como en Brasil, con proyección a Bolivia. De eso se trata.

Urge cambiar una nueva arquitectura financiera, negociar en una moneda única regional por sistema compensatorio que nos dio miedo utilizar, urge volver a intentar comerciar los recursos naturales, energéticos y manufacturados en nuestro gran mercado, aprovechar el Mercosur y arrancarlo de las garras del usurpador Temer y su pandilla, un ejemplo de cómo el gobierno mundial quiere traer las tragedias griegas y Ucranianas a nuestro suelo. Queda ver si Maduro, Correa, Morales, Ortega y los demás gobiernos que enfrentan la estrategia de desestabilización vía pandillas juveniles – otra versión del ejército privado – como los paramilitares de Colombia o los rebeldes “moderados” del medio oriente, se dejan joder como Tsipras; o se plantan como lo hizo Bashar al-Asad en Siria, que hoy con apoyo ruso, es capaz de resistir, recuperar terreno y golpear a la ofensiva. Queda el trabajo a los izquierdistas o independentistas, dejarse de maricadas como hacen Fernando Dorado y otros iluminados de nuevo cuño, que de tanto querer ser autocríticos terminan comprando el mismo discurso del gobierno mundial y lo peor, jugando de gratis, de idiotas útiles.

Escrito por NICOLÁS RAMÓN CONTRERAS HERNÁNDEZ

RED INDEPENDENTISTA DEL CARIBE.

Observatorio de medios y estudios académicos desde perspectiva de género y etnia.

Fuente:http://www.hispantv.com/noticias/opinion/313131/recolonizacion-corporatocracia-independentismo-brasil-venezuela