#NiUnaMenos: el caballo de Troya del feminismo radicalizado.

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Conocido por todos ha sido este slogan tan repetido de “Ni Una Menos”; slogan que en la mente de las personas se presenta como el lema de “la no violencia contra la mujer”, utilizado por todo el mundo, desde los partidos de la derecha liberal hasta los de izquierda más recalcitrante, desde la vecina del barrio hasta el mismo presidente.

Por Miguel Franco
Para el observador desprevenido es un simple lema que aparentemente no responde a intereses particulares sino a una supuesta causa justa. ¿Pero la realidad es esta?
La verdad es que no. Esta campaña que ha sido extensamente orquestada en los medios de comunicación, con un aparato de difusión importantísimo y un nivel de organización poco común para una simple campaña “espontánea” surgida del pueblo, es movida por hilos oscuros.

Lo cierto es que la campaña de #NiUnaMenos ha sido elaborada, militada y conducida por grupos extremistas de la izquierda feminista, con el fin de enarbolar a todo el pueblo con una aparente causa justa, introduciendo luego en los documentos que se presentan en el ámbito político elementos tan controversiales como el pedido por la legalización del aborto al cual la mayoría de los mismos asistentes a las marchas se oponen pero al no conocer los pedidos concretos de las organizadoras, permanecen como corderos ingenuos serviles a estos grupos extremistas.
Es la estrategia del caballo de Troya: a la gente se le presenta una causa justa y así logran la adhesión de toda una masa de personas a las que si se les revelan los verdaderos fines no asistiría de ninguna forma a las marchas.

La campaña vio por primera vez la luz del día en el Encuentro Nacional de Mujeres, el mismo que en su última edición terminó con graves incidentes en la Catedral de Rosario, a la cual intentaron quemar, arrojaron bombas molotov, dejaron malheridas a dos mujeres policía, golpearon a cuanto católico se le cruzó por el camino, y realizaron pintadas en todas las paredes de la zona céntrica registrando también rotura de gran cantidad de vidrieras comerciales. (Estas son las que piden la no violencia contra la mujer)
Se trata de las denominadas “feminazis” que a partir de un discurso dialéctico pretenden generar una guerra entre hombres y mujeres, la “lucha de clases” marxista llevada al plano de la familia.

El ciudadano común en Argentina se opone a estas posturas de la izquierda extremista,  por las raíces cristianas del pueblo argentino y porque la realidad es distinta al planteo netamente ideológico de las feministas. Pero al verse persuadido por las gruesas capas de maquillaje que tiene la campaña, llena inocentemente las marchas y se transforma en un instrumento del feminismo para imponer la agenda política que trae oculta.
Simbología illuminati y mk-ultra en la propuesta.

Simbología illuminati y mk-ultra en la propuesta.

En cada edición surgen más y más personas que hacen estas denuncias y por esto mismo es que ha mermado muchísimo el número de asistentes, pero aún queda en muchos esta imagen de aparente “causa justa”, tan efectivamente lograda a partir de la vieja táctica del “caballo de Troya”.
Feministas, siempre asociadas a la masonería.

Feministas, siempre asociadas a la masonería.


“La cobardía ‘de centro’ es funcional al marxismo cultural”

Especial TLV1 N° 21 – “La cobardía ‘de centro’ es funcional al marxismo cultural”

Agustín Laje Arrigoni, Lic. en Ciencias Políticas, periodista , escritor y codirector de www.prensarepublicana.com, junto al Dr. Nicolás Márquez, abogado, periodista, investigador y escritor de numerosos libros, nos presentan, en esta ocasión, su última obra en coautoría, “El Libro Negro de la Nueva Izquierda”, en la que analizan como el marxismo cultural se ha desbordado en todos y cada uno de los ámbitos de la vida social, haciendo del sistema un campo minado en el que cualquier aspecto es propenso a estallar bajo las más diversas y nocivas consignas, todas tendientes a subvertir el orden social y a erosionar los cimientos de una cultura cada vez más frágil, indefensa, enferma y decadente, en la que lo sano, lo honorable y lo sagrado aparecen, cada vez más, como síntomas de una enfermedad que hay que erradicar como sea, aun a costa de la misma sociedad.