Lo que esconde la austeridad económica

Por Lisandro Cleri

Sabido es que el “sueño (norte) americano” fue forjado a partir de un brioso realismo económico. Alexander Hamilton (1755-1804) creía vehementemente que la riqueza, la independencia y la seguridad nacional dependían del desarrollo industrial, lo que sólo se lograría protegiendo a las factorías en su etapa de alumbramiento y juventud. En la misma línea, el Presidente Ulysses Grant (1822-1885) les dijo a los ingleses que USA haría lo mismo que UK, se tornaría librecambista sólo cuando alcanzara un nivel de fortaleza que lo eximiera de todo daño eventual que pudiera infringir el libre comercio.

Quienes administraban la economía norteamericana estaban convencidos que la libre competencia provocaría peligrosas caídas de renta que conducirían al caos; el remedio era alentar la concertación (cartelización) oligopólica de los precios. Nace así una expeditiva amalgama entre el Estado, las Corporaciones Empresariales y las Instituciones Financieras que logró, en corto período tiempo (1895-1915) duplicar el PBI norteamericano. Lo que esconden los defensores del neo-liberalismo es que tamaño crecimiento no fue consecuencia de la libre competencia sino a su inversa; la represión controlada del mercado. De esa forma se sepultaban en la práctica el sueño del mercado perfecto proclamado por Smith, Say y Ricardo…

La “Era Progresista” norteamericana fue estudiada exhaustivamente por el introductor del concepto de “capital financiero”, el vienés líder del Partido Socialdemócrata alemán, Rudolf Hilferding (1877-1941). Hilferding ponía al descubierto que una parte de los ciudadanos lograban ahorrar dinero y que el destino lógico era, vía la intermediación bancaria, aplicarlo a la actividad productiva, pero como todo inversor, a los ahorristas les asustaban las crisis rabiosas, las quiebras masivas de empresas y el crac económico subyacente. Para lograr tranquilidad estaban dispuestos a soportar largos períodos de baja renta para evitar riesgos. Justamente por la vía de la represión de las fuerzas de mercado se logró pasar de un estado de situación con tribulaciones cortas y traumáticas a períodos soportables de estancamiento prolongado.

El trabajo de Hirferding impulsó a Lenin a llamar “Imperialismo” a la fase superior del capitalismo, e inspirar a muchos teóricos como Bujarín, Rosa Luxemburgo y Kautsky, entre otros, que presuponían que había solo un paso desde un orden dominado por grandes corporaciones asociadas al Estado y el alumbramiento del socialismo. Pero la historia tomó por otro camino y el sistema capitalista logró sostenerse gracias al dominio oligopólico del mercado y el traslado de las pérdidas a los sectores populares. El libre mercado fue falseado no por la intervención del Estado, sino desde adentro por quienes controlan oligopólicamente la oferta. En el mercado moderno donde se enfrentan poderosos oferentes concentrados y debilitados consumidores atomizados sólo es posible encontrar el bien común por la vía de una intrusión virtuosa del Estado.

El desarrollo de nuevas tecnologías es el otro factor trascendente que intervino para dar maleabilidad al sistema capitalista y que es detallado por Nicolai Kondratiev (1832-1938) quien encontró la presencia en la economía de ciclos largos (50 años), con procesos compuestos por dos fases:la primera, que dura aproximadamente 25 años, es impulsada por descubrimientos que provocan expectativas favorables que derivan en una importante inversión de capital, luego sobreviene el estancamiento del que sobreviene una etapa de declinación.

Su estudio y el de sus seguidores reconocen la presencia de las siguientes ondas históricas:

1) Era de la Revolución Industrial (1793-1847), impulsada por la máquina de vapor y el uso del carbón como energía con un declive que comienza en el último quinquenio dela década del 10 al agotarse las buenas opciones de inversión.

2) Era del Ferrocarril (1848-1892), ascenso favorecido por el acero y la aplicación de la máquina de vapor al transporte y caída en la década del ´70,cuando USA y Europa entran en una gran depresión.

3) Era de la Electricidad (1893-1939), motorizado por la energía eléctrica, el teléfono, la industria pesada y la producción en masa, el quiebre es provocado por el crack financiero de Wall Street en 1929.

4) Era del Automóvil (1940-1984), empujada por la automoción impulsada por el petróleo termina con las rupturas provocadas por las sucesivas crisis de los hidrocarburos (1973 y 1975).

5) Era de la computación (1985-2008), impulsado por la informática, las telecomunicaciones, los transistores, la energía nuclear y los materiales sintéticos a la que acompaña un consumismo exacerbado.

Algunos estudiosos reconocen la presencia de una sexta onda que comienza a fines de los años 90 y que no ha terminado de madurar: la Era de Internet, la nube y las aplicaciones que provocarán la pérdida de poder de quienes controlan el hardware y las plataformas de los que transportan datos e imágenes.

En referencia a este punto es preciso traer al relato a la figura de Joseph Schumpeter (1883-1950) que reconoció en la figura del “empresario emprendedor” al artífice de los impulsos que provocaron la ola ascendente, provocando simultáneamente la “destrucción creativa” de los modelos obsoletos e ineficientes..

Pero para entender el conjunto es necesario iluminar el costado caprichosamente oculto del sistema: el comportamiento del “capital financiero”. Si nos asomamos a la ventana de la historia observaremos que en la etapa ascendente las finanzas secundan al sector productivo, pero cuando los efectos de las innovaciones se agotan se refugia en sí misma.

Veamos como funcionó el proceso en la práctica: el inicio del ciclo muestra a la economía convaleciente, plena de conflictos sociales y exceso de capital varado en el costado financiero. El complejo de I+D se mueve rápidamente para desarrollar innovaciones. Si los resultados provocan expectativas favorables el capital fluye para brindar asistencia al sistema productivo iniciando una etapa de prosperidad que suele ir acompañada de alta rentabilidad que se reparte entre el sector productivo y los facilitadores financieros y hasta pueden caer algunas migajas sobre las clases medias y los sectores populares.

Agotado el impulso, comienzan a aparecer signos de sobreproducción que no pueden ser correspondidos con incentivos al consumo por riesgo inflacionario; en ese momento el capital retorna a sus guaridas financieras y eventualmente inicia una espiral especulativa que finalmente termina explotando. La depresión se generaliza, la incertidumbre invade la economía, se ponen en duda los modelos económicos, el sistema monetario y la estabilidad global.

En defensa de la renta de los poderosos, el Estado interviene provocando un ajuste que pagan los trabajadores y las clases medias y populares. Se instrumentan recetas deflexibilización laboral, se recortan los planes sociales, se anulan políticas de inclusión, se eliminan subsidios,se recortan gastos en educación, salud, vivienda y se paraliza toda inversión… No voy a insistir con los detalles porque la mayoría de los lectores conocen suficientemente el tema.

Paradójicamente, Kondratiev fue fusilado por Stalin por exponer al capitalismo como un sistema complejo,dinámico y capaz de ponerse cualquier disfraz para sostenerse. Y no se equivocó. La historia pasa revista a enormes rapiñas coloniales, control de los canales comerciales, división internacional del trabajo, intercambio desigual, relación desfavorable de los términos del intercambio, dominio tecnológico, proteccionismo de diversa índole (barreras cuantitativas, cualitativas, ambientales,…), desarrollismo, monopolios, corporativismo, neoliberalismo, capitalismo de Estado, subsidios, dumping, populismo, fascismo, Estado de bienestar, salvajismo…, todo en defensa de un sistema controlado por pocos humanos todopoderosos.

Como bien resaltaron Kondratiev y Schumpeter toda tecnología se vuelve obsoleta y el agotamiento de la misma termina en un estancamiento de la economía que perdura hasta el inicio de la onda siguiente. El largo estancamiento que vive el mundo actual es producto de la resistencia al cambio. Las nuevas tecnologías están dadas, pero los poderosos que controlan los sistemas productivo, financiero y político,impiden el desarrollo pleno de las mismas. Para ello utilizan el neoliberalismo, que denuncia la mala praxis populista y en especial los déficits que denuncian como escandalosos. Esto justifica la intervención en aras de la austeridad financiera de la que derivan los recortes de planes y tarifas sociales, aumentos de tasas e impuestos generalizados, despidos masivos de empleados públicos, carencias de recursos para los derechos básicos a la educación, la saluda, la vivienda y el transporte, frenos a las políticas de desarrollo tecnológico, devaluaciones masivas y violentas…

Pero lo cierto es que ningún gobierno conservador y neoliberal, desde Reagan hasta la fecha ha logrado disminuir el déficit fiscal en sus países, pero poco importa porque no es esa la meta perseguida, sino que el real y verdadero objetivo al que apuntan es a la baja sensible y clara del salario real de los trabajadores, único parámetro que otorga vigencia a un orden permitido e ineficiente.

Comprobamos entonces el deterioro de los ingresos de los trabajadores desde USA a Europa, pasando por Asia, África, y América Latina.

(*) Lisandro Cleri es economista y asesor financiero. Fue Director de Operaciones del FGS de ANSES.


Fuente:http://www.ambito.com/857317-lo-que-esconde-la-austeridad-economica