Cáncer S.A. o prevenir no es negocio

¿Por qué no se desarrollan drogas para prevenir el cáncer? 3 economistas demostraron que las compañías de medicamentos invierten mucho menos dinero en el desarrollo de drogas para prevenir o tratar el cáncer en sus etapas más tempranas, que lo que invierten para atacarlo en su etapa terminal.
El estudio estimó que la tendencia de beneficiar las drogas en pacientes con poca expectativa de vida hizo que se perdieran 890.000 años de vida en pacientes estadounidenses solamente, a quienes se les descubrió cáncer durante 2003.
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Eric Budish, Benjamin Roin y Heidi Williams, en una investigación apoyada por prestigiosas instituciones como el Instituto Tecnológico de Massachusetts, la Universidad de Chicago y la Escuela de Leyes de Harvard, se dedicaron a estudiar la evidencia de 40 años de ensayos clínicos de drogas contra el cáncer, para tratar de responder a la siguiente pregunta: ¿Por qué se llevan a cabo muchos menos ensayos clínicos de drogas para la prevención y tratamiento del cáncer en sus etapas tempranas, que de drogas para la enfermedad en sus etapas terminales? 
“Las drogas para tratar los cánceres en sus últimas etapas son mucho menos costosas de desarrollar que las drogas para los cánceres en etapas tempranas, en parte porque las de las etapas terminales extienden la vida de la gente por períodos más cortos de tiempo”, explica el portal Science Daily. “Esto significa que los ensayos clínicos para estas drogas son finalizados más rápido también, y le proveen al fabricante de la droga más tiempo” de exclusividad en el mercado.
¿Por qué es más redituable invertir en drogas que extiendan el tiempo de vida de los pacientes terminales de cáncer que en drogas que prevengan la enfermedad? 
Los investigadores analizaron 4 décadas de información de una amplia variedad de fuentes, entre ellas el Instituto Nacional del Cáncer (en USA), que lleva un registro de ensayos clínicos e información sobre la incidencia del cáncer en ese país y la supervivencia, así como datos de la FDA (Food and Drug Administration, agencia del gobierno de Estados Unidos responsable de regular los alimentos y los medicamentos), que es la encargada de aprobar las drogas contra el cáncer.

Una cuestión de rentabilidad 

En mayo de 2014, cuando Budish, Roin y Williams hicieron públicas las primeras conclusiones de su estudio, introdujeron al trabajo presentando las siguientes cifras: “En los últimos 5 años, se aprobaron 8 nuevas drogas para tratar el cáncer de pulmón”, y en cambio, “no se ha aprobado nunca una droga para prevenir el cáncer de pulmón.” 
Y todavía más: “Sólo 6 drogas se han aprobado en la historia para prevenir algún tipo de cáncer”, en total. Mientras que este patrón podría estar reflejando la demanda del mercado o las dificultades científicas, para los investigadores, el núcleo de la cuestión es otro: la estructura misma del sistema de patentes de medicamentos. 
Es mucho más rentable para las compañías de medicamentos invertir en la investigación y el desarrollo de drogas que ataquen el cáncer en sus etapas terminales que invertir en aquellas que lo podrían prevenir o curar en sus etapas más tempranas. Esto se debe a la estructura misma del sistema de patentes, que le otorga a los innovadores un período fijo de exclusividad del producto en el mercado (en USA, por ejemplo, son 20 años). 
Esta etapa representa un pico en las ganancias y es el período en que, quien invirtió, recupera los costos. Luego, pierde la exclusividad de la patente y por lo tanto, baja mucho la ganancia.
Lo que sucede es que para comenzar a comercializar el medicamento, debe estar aprobado por la FDA. Para ello, deben llevarse a cabo ensayos clínicos que determinarán eficacia y seguridad del producto, que pueden durar años. Tras patentar una droga, explica el diario The New York Times, las compañías de medicamentos compiten contrarreloj para demostrar que su producto es seguro y efectivo.
El medicamento promedio sale al mercado cuando le quedan 12 años y medio de vida útil de patente protegida -exclusividad en el mercado, su etapa más rentable-. Cuanto más rápido completen el paso de las pruebas clínicas y consigan la aprobación de la FDA, más tiempo les queda hasta que la patente expira, que es el tiempo en que las ganancias están en su pico más alto. 
Demostrar la eficacia y seguridad de un medicamento contra el cáncer en etapas terminales suele ser mucho más rápido que hacerlo en drogas para tratar las primeras etapas del cáncer o prevenirlo, porque el cáncer en sus últimas etapas es agresivo y avanza rápido, y el criterio  tenido en cuenta casi exclusivamente es la supervivencia, no otros llamados “criterios indirectos de valoración”, como por ejemplo si un tumor se redujo o si bajó la cantidad de glóbulos blancos cancerosos.
Entonces, demostrar que un medicamento es efectivo en prevenir el cáncer, por lo tanto, es una tarea mucho más extensa. Así, termina siendo mucho más rentable investigar y desarrollar drogas contra las etapas terminales del cáncer, que contra su prevención y tratamiento en las etapas tempranas, por lo que ese tipo de investigaciones suelen recibir mayores incentivos económicos. 

890.000 años de vida perdidos

 

La investigación, la innovación y el desarrollo técnico en relación a la prevención y el tratamiento del cáncer en sus primeras etapas tiene un “alto valor social”, le explicaron Williams, Budish y Roin al diario The New York Times. Sin embargo, su trabajo “demuestra que la sociedad le provee a las compañías privadas -quizás sin darse cuenta- sorprendentemente escasos incentivos para conducir este tipo de estudios.”
Entre 1973 y 2011, hubo 17.000 ensayos clínicos a pacientes con mínima chance de sobrevivir (los que tienen cáncer recurrente) y 12.000 a pacientes que están en la última etapa del cáncer (con un 90% de chance de morir dentro de los próximos cinco años). Pero hubo solo 6.000 que se centraron en los pacientes de cáncer en etapas tempranas -un 30% de chance de morir- y solamente 500 ensayos clínicos para la prevención de cáncer.
La tendencia es más marcada cuando se trata de ensayos financiados por privados que por públicos. El estudio estimó que la tendencia de beneficiar las drogas en pacientes con poca expectativa de vida hizo que se perdieran 890.000 años de vida en pacientes estadounidenses solamente, a quienes se les descubrió cáncer durante 2003.

Posibles soluciones

Para revertir esto, el estudio propone algunas ideas:
> Una, que está incluida en una legislación que está ahora avanzando en el Congreso estadounidense, propone concederle la aprobación del FDA a los medicamentos basándose en criterios indirectos de valoración y no -casi en exclusiva- en la supervivencia. “Cuando tienes buenos criterios indirectos de valoración, ves un incremento dramático en la inversión en investigación y desarrollo, lo que significa más vidas salvadas”, explicó Roin, según el Science Daily. Al acelerar el proceso de aprobación de la FDA, la investigación y desarrollo de drogas contra el cáncer en etapas tempranas pasaría a ser (por lo menos) igual de rentable que el de las etapas terminales, y recibiría mayores incentivos económicos.
> Otra, es extender el período de exclusividad de una droga en el mercado para compensar la demora extra que demanda en ser comercializado, como es el caso de las drogas para la prevención del cáncer. La ley Hatch-Waxman, del año 1984, ya permite una extensión parcial (medio año por cada año de ensayo clínico, hasta un máximo de 5 años adicionales, según el Times). El análisis de Budish, Roin y Williams muestra que esto es una buena iniciativa, pero aún así hay muchas potenciales drogas que tienen muy cortos períodos de exclusividad en el mercado.
> Una 3ra. opción sería  conseguir mayor financiamiento público en investigación y desarrollo de drogas contra el cáncer, ya que ese financiamiento está exento de la necesidad de resultados a corto plazo tras los que corre el sector privado. (Las 6 drogas que existen hoy para prevenir el cáncer han sido desarrolladas gracias al financiamiento público o bien estuvieron basadas en el “criterio de valoración indirecta“.)
En cualquier caso se impone resolver un problema que termina provocando la muerte de más personas… en un contexto de investigación farmacéutica de gran eficiencia. Sin duda, una gran contradicción científica.