Alianza del Transpacífico: El norte de Mauricio Macri

Lo adelantó la flamante canciller, Susana Malcorra al afirmar que “la alianza del pacífico no es mala palabra”. Sin embargo, para Argentina, entrar en un tratado de libre comercio de estas características, es equivalente a firmar el certificado de defunción de cientos de miles de Pymes que viven del mercado interno y que emplean a millones de trabajadores. Estados Unidos está dispuesto a someter al cono sur a como dé lugar, el TTP es el instrumento y el gobierno Nacional está negociando el ingreso de Argentina. Los riesgos son inconmensurables.

Tal como lo fue el ALCA en 2005, y gracias a la decisión política de Néstor Kirchner, Hugo Chávez y Luis Inácio Lula Da Silva, la región pudo escapar de las garras del norte, hoy existe una nueva amenaza para la economía doméstica y la industria nacional, se la conoce como Trans Pacific Partnership o Alianza del Transpacífico, y configura el acuerdo internacional de libre comercio más grande la historia.

Para el empresariado nacional, el ingreso de Argentina en el marco de un Tratado de Libre Comercio de las características del TTP, es equivalente a dilapidar los derechos adquiridos por la clase trabajadora a lo largo de los últimos años. El marco regulatorio de esta Asociación estratégica no solo precarizará las condiciones laborales, sino que destruiría buena parte de la industria local, dejando cientos de miles de trabajadores en la calle, producto del cierre de miles de Pymes que no podrán competir con las multinacionales que por productividad, costo laboral y precios: inundarían el mercado con productos que hoy se producen en forma local y que necesariamente se dejarían a un lado.

El TPP (por sus siglas en inglés) es el acuerdo internacional de libre comercio más grande la historia. Si bien todavía resta que los poderes legislativos de las naciones que lo integran aprueben el tratado, se considera que la ronda de negociaciones secretas de los últimos meses que tuvo lugar en EE.UU. produjo grandes avances, a pesar de que el documento todavía no se ha hecho público. Cuando este tratado entre en vigencia, se creará la zona de libre comercio más grande del mundo entre 12 países (Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, Estados Unidos y Vietnam) que -en conjunto- concentran un 40 por ciento del PIB global (casi $30 trillones). Christine Lagarde, la directora del Fondo Monetario Internacional, manifestó que el acuerdo constituye un “acontecimiento positivo” para la economía global.

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA) es un ejemplo de cómo con un acuerdo económico regional como el TPP, grandes ramas de la industria de un país (como la del calzado o indumentaria) puedan llegar a desaparecer.

Uno de los motivos por los que estas negociaciones, que comenzaron en 2008, tuvieron tantas idas y vueltas fueron las regulaciones que establece sobre la propiedad intelectual de los medicamentos de base biológica. Las naciones participantes buscan proteger uno de los sectores económicos que más ingresos les genera. El resultado de la negociación fue que las patentes sobre los medicamentos biológicos tendrán una duración de 5 años, lo cual implica una reducción de la propuesta norteamericana de 12 años de protección de patentes.

De esta manera, el acceso a medicamentos genéricos, tan populares en nuestro país, quedaría absolutamente prohibida y los argentinos tendrán que pagar cuantiosas sumas de dinero a los laboratorios titulares de las patentes protegidas por el Tratado.

En la política doméstica de EE.UU, el TPP hizo que el candidato republicano Donald Trump y el candidato demócrata Bernie Sanders se pusieran de acuerdo en algo por primera vez: ambos rechazan el acuerdo. Si bien las razones de Trump no son muy claras, Sanders expresa lo que la mayoría de los sindicatos norteamericanos claman al unísono: el acuerdo implica un riesgo muy grande para los intereses de los trabajadores.

De hecho, una de las voces más fervientes entre los opositores al tratado ha sido la de Richard Trumka secretario general de la Federación Estadounidense del Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales -la central sindical más grande de Norteamérica- que representa alrededor de 12 millones de trabajadores. Esto puede significar una pérdida bastante grande para el Partido Demócrata, que tiene en los sindicatos uno de sus mayores sostenes.

Sin embargo, son otras las razones de Obama para que este tratado ocupe un lugar tan prioritario en la agenda política. Que el TPP sea presentado como su gran legado responde a la necesidad de los EE.UU. de consolidar su hegemonía en la política internacional y, de esta manera, reducir el margen de influencia que pueden tener actores globales como Rusia o China. Así, el presidente norteamericano declaró que “con más de 95% de nuestros clientes potenciales viviendo fuera de nuestras fronteras, no podemos dejar que países como China escriban las reglas de la economía global”. Una vez más, los intereses nacionales vuelven a asomarse en la economía global.

Para la Argentina esto puede implicar un alejamiento de dos actores que tienen una importancia estratégica para el desarrollo nacional: Chile y Perú. Los argumentos en defensa de este tratado de libre comercio son los mismos que dieron origen a la Alianza del Pacífico: para estas naciones es preciso poner el crecimiento económico por encima de las cuestiones políticas, los números por sobre los discursos, el pragmatismo antes que la ideología. Sin embargo, no es muy difícil mostrar que todos los tratados de libre comercio entre naciones con un desarrollo económico desigual han sido perjudiciales para los actores menos desarrollados. Una prueba de esto es la posición de los sindicatos norteamericanos, un actor de la economía más desarrollada del TPP, que ha manifestado su preocupación por los efectos que pueda tener en los derechos de los trabajadores norteamericanos. Nada dice que las consecuencias para los trabajadores de Perú o Chile, que no son precisamente las economías más fuertes del pacífico, no sean peores que en los Estados Unidos.

Sin embargo, la integración regional y el fortalecimiento de la industria sudamericana no necesariamente es contradictorio con la posición de Chile y Perú. El gran desafío de la Argentina es mostrarle a la región que la economía sólo prospera si es conducida por la política. Así como los empresarios argentinos no pueden competir si el Estado no les garantiza condiciones favorables de competencia, las economías chilena y peruana perderán su capacidad de crecer por sí mismas, si comienzan a competir sin restricciones con EE.UU. y las naciones asiáticas.

Por lo menos desde el siglo XIX, el instrumento más eficaz de la política internacional han sido los acuerdos financieros y económicos. En el mundo que propone el Papa Francisco, los acuerdos económicos internacionales no se llevan puestos a los Estados. Es un desafío para la Argentina demostrarle a las naciones que menos apuestan a la integración regional que el crecimiento económico es inescindible de la defensa del interés nacional.

Sin embargo, esta postura cambió a partir del desembarco de la Alianza Cambiemos en el escenario nacional. El presidente Mauricio Macri y su equipo ven con buenos ojos que Argentina se integre a esta Alianza que retomaría las relaciones carnales con el país del norte, sometiendo a los pequeños empresarios y a la mano de obra argentina a un nuevo escenario con nuevas reglas de juego que dilapidan de la noche a la mañana los derechos adquiridos por las clases trabajadoras que verán licuados sus salarios y una pérdida sustancial del empleo de niveles astronómicos.

Fuente:http://portaldenoticias.com.ar/2015/12/28/alianza-del-transpacifico-el-norte-de-mauricio-macri/