Las 10 estrategias de manipulación – por Noam Chomsky

Las 10 estrategias de manipulación es el título de una lista supuestamente escrita por Noam Chomsky –de quien no soy el mayor fan, pero puedo aprender–, que denuncia las prácticas más comunes de quienes tienen poder sobre otros, sin mencionar explícitamente a ninguno de ellos. Y esta es una versión ampliada, perfeccionada, cínica, irónica, sarcástica, libre de gluten y superadjetivada por el bien de tu orgullo a la hora de comentar.

1. La estrategia de la distracción


Esta estrategia radica en, mediante la creación de polémicas en otras áreas, desviar sutilmente la atención desde los hechos importantes hacia otros de menor importancia. Por ejemplo: un grupo de personas podría estar muriendo de hambre; entonces el Estado saca el tema del derecho de las personas a participar en un ritual sin significado alguno sin importar sus preferencias sexuales; porque, admitámoslo: se llega a debatir el matrimonio gay cuando a nadie ya le importa el matrimonio ni la homosexualidad. ¿Es que tanto se ha desvalorizado la institución del matrimonio? Curiosamente, la palabra matrimonio significa “cuidado de la madre”. En árabe, sin embargo, significa “contrato de coito”, etimología que si bien es un poco fantasiosa define mejor los casos de unión gay, donde el “matri-monium” carece de fundamentos etimológicos aplicables. Y tampoco es para hacer tanto escándalo: como alguien bien dijo, mientras que el patrimonio es un conjunto de bienes, el matrimonio es un conjunto de males, y allá ellos si allá quieren ir. Sea cual sea tu punto de vista, indudablemente estarás de acuerdo con que es un tema para debatir seriamente en cualquier país que reclame ser civilizado. ¿Alguien dijo algo acerca de muertos de hambre?

2. Crear problemas y después ofrecer soluciones


Con esta táctica, quien está al mando crea una situación con la que la mayoría de la gente estaría en desacuerdo y luego ofrece una solución, postulándose como salvador de su propio apocalipsis. Un problema típico de esta clase es el que siembra el gobierno estadounidense para poder ser invitado a invadir, como un vampiro herido al depósito de sangre. Otros casos son más sutiles, pero por lo mismo suelen ser más largos y profundos, convirtiéndose en costumbres que ya nadie nota: los más antiguos devinieron en rituales sectarios, como la confesión ante el “problema” del pecado. La solución a este tipo de manipulaciones masivas es individual y demanda un aprendizaje constante contra el aletargamiento de la razón frente a lo cotidiano, lo que está siempre ahí y deja de ser procesado conscientemente; para poder discernir al vuelo un problema falso de uno real (el terrorismo del capitalismo basado en recursos extranjeros, por ejemplo). Mantener la cabeza en forma requiere un factor externo, como –¡oh, casualidad!– este blog, el oportuno Cibermitanios, tu mesías electrónico. Alabado sea.

3. Gamma. La estrategia de la gradualidad


Esta es una maniobra que consiste en decir algo terrible implementando pequeños y sucesivos cambios en un tiempo lo suficientemente largo como para que en el camino que transita la percepción se pierda entre las malezas de causa y efecto y así toleremos mejor lo que visto como una unidad parecería un abuso o un exceso o incluso un absurdo. Por algo las amistades son hijas de la costumbre, ya que en realidad detestamos a primera vista a la mayoría de las personas antes que amarlas con la misma prontitud, pero si construimos la relación lentamente no nos damos cuenta de que nos hemos acercado demasiado. La verdad es que la Humanidad es patética. Deberíamos extinguirnos.

4. La estrategia de diferir


Dominar esta técnica garantiza poder mostrar una mala decisión como necesaria, poniéndose así al mismo tiempo en ambos bandos y convenciendo al público de que no queda otra opción. Por ejemplo, es extremadamente llamativo que esta lista posea diez ítems. Uno pensaría que Noam Chomsky tuvo que rellenar algunos puntos con cosas superfluas, o tal vez dejar afuera otros importantes. Y estoy completamente en contra de limitar o falsear la información por el bien de la estética, que es la ciencia de las apariencias. Como sea, aunque sospechoso, es comprensible que Chomsky eligiera diez ítems sólo para poder contar con un título llamativo, y, si eso contribuye a que la gente se interese por temas tan delicados como estos, es un mal necesario que, además, no exige que hagamos nada al respecto. Por eso mantengo los diez apartados, pero yo lo haré mejor que Chomsky.

5. Dirigirse al público como a criaturas de poca edad


Desde la publicidad en televisión hasta las campañas políticas se tiende como una telaraña este sistema que consiste en usar discursos y recursos infantiles para incitar en las personas una respuesta igualmente infantil, apelando a procesos psicológicos elementales y procurando no despertar la razón. Porque, en el fondo, todos somos niños inocentes, algunos más afortunados que otros, pero cada cual con un importantísimo rol en la sociedad. Así, a unos nos toca trabajar un poco de más por el bien del planeta, mientras que otros deben dedicar sus vidas a guiarnos hacia un futuro mucho mejor. Las palabras son como hilos y nosotros somos como títeres, y cuanto más simples sean los movimientos de los hilos, más simples serán las cosas que hagamos. ¿Se entiende lo que quiero decir? Es como si quisieras enseñarle a un cachorrito que no haga pis dentro de la casa: no es necesario explicarle por qué, ¡no te va a entender! Es mejor gritar un simple “¡no!”, tantas veces como sea necesario hasta que se acostumbre a obedecer.

6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión


Con cierta vergüenza, confieso que esta parte no sólo me ha hecho reflexionar, sino también llorar. Me hizo recordar que al final vale muchísimo más la sonrisa espontánea de un niño que aquello que se puede aprender en tediosos años de estudio que después de todo sólo sirven para sumarse a la fría maquinaria de un mundo espantoso. En mi interior sé, sin dudas, que es preferible vivir sin preocuparse tanto por cosas como el dinero y en cambio disfrutar de las cosas pequeñas de la vida (cuanto más pequeñas, mejor); sentirse orgulloso de formar parte de un pueblo de hermanos que luchan incasablemente para sacar adelante sus vidas, contentándose no sólo con lo poco que tienen -que en eso reside la felicidad, como han aclarado todos los sabios-, sino también con lo mucho que sueñan, porque esos sueños, algún día, serán los que cambien al mundo y construyan un futuro donde nuestros hijos o clones tengan la vida que nosotros no pudimos disfrutar. ¡A trabajar por el futuro! Ya habrá tiempo para vivir el presente…

7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad


Es esencial ocultar los mecanismos que producen todo cuanto la gente consume, desde las complejas relaciones políticas que no podríamos comprender sin vivirlas hasta la inspiración de cualidades indescriptibles que asalta como por arte de magia al escritor de estas líneas. Lo importante es el producto final, el beneficio que obtendrá el público del misterioso trabajo de otros. No hace falta que todos participemos de estos procesos, siempre y cuando podamos beneficiarnos de ellos; no hace falta saber Historia para entender el presente, así como no es necesario saber programación para mirar videos de gatitos en YouTube. Mucho menos es importante enseñar en las escuelas a pensar -lo cual demanda años y tenaces docentes-, cuando bien podemos usar los pensamientos de otros que ya han demostrado ser los mejores porque son quienes deciden por nosotros; sólo hay que escucharlos y ganar su sabiduría instantáneamente.

8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad


Este es uno de los incisos que me hace pensar que Chomsky tuvo que rellenar algunas partes. Es un poco redundante, y bien se hubiera podido incluir en el número anterior. Pero no cuesta nada leerlo. Todo el mundo comete algún error de vez en cuando y es de sabios perdonar, sobre todo cuando se trata de un gran escritor y pensador. Como dijo alguien alguna vez, “el poeta merece ser juzgado por sus mejores versos”. Quizá podría haberlo hecho mejor, esforzándose por encontrar un punto que no había imaginado, pero, ¿quiénes somos para criticarlo? Hizo lo que pudo, y ciertamente es más de lo que la mayoría hemos hecho (apuesto que no hay entre los lectores otro que haya sido nombrado por el New York Times como “el más importante de los pensadores contemporáneos”).

9. Reforzar la autoculpabilidad


Una estrategia ignominiosa: hacernos creer que somos culpables de los errores ajenos. Pero, después de todo, ¿no lo somos? ¿No somos engranajes de una maquinaria superficial y capitalista que incita al prójimo a querer lo nuestro y crea desigualdad y crimen? ¿No somos, acaso, quienes votan a los gobernantes que luego hacen estragos? Debemos al menos admitir esa responsabilidad. “La ocasión hace al ladrón”, dicen, y somos todos nosotros la ocasión. Si hubiésemos pensado mejor nuestras elecciones, con más juicio y menos pasión o desinterés -dos extremos de la ceguera intelectual-, todo país democrático sería un verdadero paraíso. No sé si somos demasiado estúpidos o simplemente tenemos intereses muy dispares, pero no dudes por un momento de que tenemos lo que merecemos. ¿Vamos ahora a culpar al pobre tipo que elegimos? Ya es tarde; lo hecho, hecho está. ¡Lo hubieras pensado antes!

10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen


Normalmente, el sistema controla más a los individuos que éstos a sí mismos, y esto ocurre porque sabe más acerca de la naturaleza humana. La clase dominante sabe cómo distraer la atención con detalles superficiales, como que este inciso es una recapitulación de los demás y en realidad nada nuevo aporta; sabe cómo sembrar conflictos para ofrecer una solución, como la presente lista mucho más sincera que la original repleta de hipocresía comercial; sabe cómo cogernos tan lentamente y de tal modo que, si nos damos cuenta, ya estemos acostumbrados y veamos que siempre ha sido y será así y que por lo tanto es mejor aprender a disfrutarlo; sabe, al igual que cualquier buen escritor, cómo pararse de tu lado y mostrarse identificado con tu desgracia, que también es la mía; sabe cómo hablar para despertar en otro sólo los procesos mentales estrictamente necesarios para lograr determinada reacción, como los coloridos botones para compartir este artículo que están allí para que ejercites tu derecho y tu deber de aportar a un cambio de consciencia en el planeta; sabe cómo apelar a tus sentimientos porque ¡todos tenemos sentimientos!, y, si no lo haces por tu bien, que sea por el de tus seres queridos, que podrían sacarle provecho a esta reflexión; sabe cómo, mediante mecanismos demasiado complejos para describir aquí, limitar el flujo de información que llega a tu cerebro para que puedas tomar parte del cambio mediante la acción y la elección; sabe cómo hacernos sentir a gusto con su obra mediocre sólo dándote un poquito más de lo que esperabas; sabe, en caso de que no estés a gusto, cómo hacerte sentir culpable de esa mediocridad, porque nosotros mismos somos mediocres y predecibles; y sabe, en resumidas cuentas, cómo gobernarnos mejor que nosotros mismos.

Fuente: http://www.cibermitanios.com.ar/2015/11/las-10-estrategias-de-manipulacion-en.html