Por qué no vi el debate entre Macri y Scioli (y no me arrepiento)

No desconozco que se trató de un hecho único e histórico, como gustan referir los opinólogos de siempre.

Tampoco niego la relevancia que ostenta la posibilidad de escuchar a los dos principales candidatos a gobernar después de más de 12 años de un gobierno que bordeó lo totalitario.

No obstante, decidí no ver el debate de Macri y Scioli. Por muchos motivos, principalmente uno: conozco mucho, demasiado, sobre ambos. Sus pocas cosas buenas y sus muchos “chanchullos”.

Ya se qué prometen uno y otro, y se que no cumplirán. ¿Acaso Macri construyó los 10 Km de líneas de subte por año que juró hacer en 2007? ¿Qué hizo Scioli respecto del impuesto a las Ganancias —que ahora promete modificar— durante sus años de gobernador bonaerense?

El líder del PRO promete “pobreza cero” —una imposibilidad, en todo caso se puede trabajar sobre el “hambre cero”— y la Ciudad de Buenos Aires ostenta cada vez más homeless en sus calles.

Algo similar ocurre con Scioli, que jura que combatirá el narcotráfico y nada hizo al respecto en sus dos mandatos como gobernador. Son dos postales de las muchas que podría mencionar.

¿Cambió alguna de esas contradicciones el debate de anoche? ¿Cambiará algo? No solo lo dudo, sino que es infantil creer que esto pueda ocurrir.

Los dichos de Macri y Scioli en el debate referido, lejos de ser espontáneos, son parte de un libreto que fue armado por especialistas en comunicación política. Así de simple. Todo actuado, hasta los silencios y los gestos.

En ese contexto, decidí no mirar la bendita discusión. No cambiará mi percepción de ninguno de los dos contendientes, ciertamente.

Se para quiénes gobiernan y a quiénes benefician —uno a los empresarios del juego, el otro a su amigo Nicky Caputo; y ambos a Cristóbal López— y lamentablemente nada de eso se discutió anoche.

Suena grandilocuente y patriótico decir que uno vio el debate de marras, es como llevar la escarapela en días patrios. Sin embargo, el republicanismo pasa por otro lado: por controlar los actos de gobierno.

Un gobernante es como un administrador de consorcios: si no se lo controla, roba. Es una cuestión lineal y casi matemática.

En ese contexto, la hipocresía es general. Todos miran religiosamente a Marcelo Tinelli pero desconocen lo que pasa cada día en el ámbito político.

Eso sí… todos vieron a pie juntillas la discusión entre Macri y Scioli… y hasta opinaron en las redes sociales.

Si realmente la ciudadanía supiera quiénes son uno y otro, ninguno de los dos hubiera logrado ocupar un cargo de relevancia.

Pero, en esta Argentina siempre desinformada, eso es una utopía. Ya lo dijo con meridiana claridad el dramaturgo Luigi Pirandello: “El hombre está siempre dispuesto a negar aquello que no comprende”.

Fuente: http://www.mendozapost.com/nota/22870/

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