Rodeados de tiros, narcos y ladrones

Vecinos de la zona oeste son rehenes de la delincuencia. Cada vez son más frecuentes las peleas de barras y las amenazas y represalias contra quienes los denuncian.

El hombre nació hace 50 años en la misma barriada en la que hoy vive, de la que conoce de cerca los padecimientos, las penurias y los olvidos de los que fueron escenarios esas cuadras durante décadas.

Hasta hace algunos años, las drogas, los robos y las escaramuzas entre bandas eran contadas y excepcionales.

La situación cambió de la peor manera en los últimos tiempos: los asesinatos y balaceras con armas de alto calibre a cualquier hora, los violentos asaltos, las amenazas, las venganzas a tiros y con ataques in­cendiarios y el consumo y venta de droga han aumentado de manera exponencial.

Harto de ver todo eso, Carlos Ramón Lúques decidió enfrentarse a los narcos y a los delincuentes comunes, denunciarlos y, a la vez, alejar a los chicos del consumo de las drogas.

Las cosas no les fueron fácil. Debió soportar ataques a pedradas, incendios intencionales contra el centro vecinal que presidía y contra su vivienda, y más amenazas.

La situación se tornó insostenible el pasado fin de semana cuando una patota lo rodeó y, con piedras, lo atacó y causó graves heridas en el rostro.

Sucedió en Las Violetas, 
un pequeño y violento barrio 
en el que conviven bandas narcos que se disputan la veintena de “quioscos” dedicados a la venta de drogas –según aseguran los vecinos– y que está ubicado en la zona oeste de la ciudad de Córdoba.

Pero no se trata de una isla.

Las Violetas integra un complejo conglomerado de barrios 
de ese sector de la capital provincial, como San Roque, Villa Martínez, 20 de Junio, Parque República, Aeronáutico, Granados, entre otros, donde cientos de familias trabajadoras debieron aprender a vivir –y sobrevivir– con peligrosas bandas y barras de jóvenes, varones y mujeres, que imponen el miedo mediante balas y bombas tipo molotov.

“Hoy los chicos se matan por cualquier cosa. Ya sea por ver quién controla tal o cual esquina para la venta de droga, o para consumir ‘porros’ o cocaína. O lo hacen para ver quién tiene más ‘cartel’ ante los demás”, cuenta Lúques, quien preside “Gente Nueva”, un grupo de vecinos comprometidos que trata de alejar a los chicos y jóvenes de las drogas.

“Y esto pasa porque la Policía está ausente. Todo esto es zona liberada. No se los ve. Y para muchas autoridades pareciera que lo mejor es que los chicos se maten entre ellos”, añade el vecino.

A puro balazo

La violencia urbana es la principal causa de homicidio en la ciudad de Córdoba.

La zona oeste es un claro ­reflejo de esta problemática: 
se han cometido al menos cinco asesinatos de personas jóvenes y adultas, en su mayoría va­rones, en peleas y venganzas 
o ajustes de cuentas en lo que 
va del año.

Según un registro de La Voz 
del Interior , en todos los casos se emplearon armas de fuego, casi siempre de alto calibre.

Una de las últimas víctimas fatal fue Cintia Alive (23), asesinada de un tiro en la cabeza cuando entraba en su casa de Villa Martínez, junto a su hija de 5 años, el pasado lunes 16 de junio.

Según vecinos y allegados, la mataron porque se negaba a dejarle su casa a los traficantes de esa zona.

De forma paralela, son numerosos los casos de peleas entre barras antagónicas que terminan con jóvenes heridos, ya sea por disparos o puñaladas.

Desde la Policía hay silencio oficial.

Fuentes oficiales, no obstante, negaron que se haya aban­donado el patrullaje en toda esa franja, al tiempo que indicaron que hay controles fijos y móviles; y señalaron que el control de la venta de droga depende a partir de este año de la Fuerza Policial Antinarcotráfico (FPA), que está bajo la órbita del Ministerio Público Fiscal.

Pirañas y entraderas

Un capítulo aparte, y no menos grave, son los permanentes robos y asaltos que se cometen en esta amplia franja de la zona oeste de la ciudad.

Los asaltos contra familias son cometidos principalmente mediante la modalidad rompepuertas o entraderas.

Por caso, la familia García fue asaltada en Ameghino Norte por violentos delincuentes que se colaron en la casa cuando el jefe de familia guardaba 
el auto.

“Me pusieron un arma en la cabeza y se metieron. Estuvieron un buen rato dentro. Nos pegaron y amenazaron y escaparon llevándose lo que ganamos con tanto sacrificio”, contó el hombre.

Los robos contra comercios y arrebatos a jubiladas, estudiantes o quienes esperan el ómnibus son episodios comunes.

Todos con una misma característica: los cometen motochoros.

Otra modalidad en expansión son los robos tipo “piraña”: delincuentes que, ya sea a pie o en motos, rodean a un automovilista o un transeúnte y le sustraen de todo.

“La gente ni denuncia muchas veces porque te tienen horas y horas esperando. Y uno tiene que laburar, no puede andar perdiendo el tiempo”, dice Miguel Torres, taxista.

Violencia y amenazas

Una vecina que la pasó muy mal tiempo atrás fue la enfermera y dirigente gremial Estela Giménez quien se atrevió a denunciar a vecinos ladrones y narcos de su cuadra, en barrio Los Granados.

Tanto ella como sus familiares fueron atacados y amenazados de forma permanente por una mujer y sus hijos.

“Te vamos a matar a tus hijos y quemar la casa”, fue una de las amenazas que recibió.

“Por suerte, la mujer cayó presa y su familia se mudó. Si bien ya no nos molestan más, el barrio sigue siendo un desastre”, relata hoy Estela.

“Hay robos de todas formas y no se ven policías porque los pocos patrulleros que hay están en puestos fijos. ¿Peleas entre barras? No hay. Es que hay una sola y gran barra que maneja todo y no se andan peleando entre ellos”, añade, con ironía.

No hay edades para el delito. En Villa La Tela, semanas atrás, un grupo de chicos fue atrapado por robos en la vía pública.

En San Roque también las peleas y venganzas son moneda corriente. Nadie olvida que en 2009, una patota atacó con ­bombas tipo Molotov una despensa, ­cuyo dueño había de­nunciado a ladrones tras un robo. Dos clientes murieron quemados.

Parque República es otro barrio castigado por la violencia urbana. Días atrás, un grupo de matones atacó a tiros una casa e hirió en el tórax a una mujer (madre de un policía).

Drogas

“La droga se naturalizó. Antes lo hacían a las escondidas; hoy fuman o consumen cocaína a la vista de todos, incluso de la Policía. Lo peor son los chicos con las pastillas. Los ves como zombies, deambulando”, afirma Luques, quien durante años ­trabajó para alejar a los jóvenes de las drogas en Las Violetas. Llegó a enseñar boxeo para que los chicos no metan nada en 
sus narices.

Las Violetas tiene una veintena de cuadras y una comisaría. En ese conglomerado, escenario de graves episodios en los últimos años, existen al menos 15 “quioscos” de venta de estupefacientes.

“Yo los enfrenté. Incluso, me enfrenté con los rateros que robaron a mis hijos varias veces. Los tipos me amenazaron, me fueron a buscar y me reventaron a pedradas”, señaló el vecino, quien durante años fue presidente del centro ve­cinal.

“Me cansé de que nos roben y quemen el lugar”, recuerda.

Luques no lo dice. Sus vecinos sí: su casa fue atacada e incendiada por aquellos que sospechaban que “colaboraba” con policías para erradicar a los narcos.

Fuente:La Voz